Me llena de orgullo y satisfacción....comprobar que trato un tema que esta siendo, de un modo u otro debatido por gente a la que respeto. Me reafirma en que la materia es de interés, que esta candente y que no son batallitas de este abuelo cebolleta. Y es lo que me ha pasado, a propósito del post acerca de los “empleados chantajistas”. El mismo día que lo cuelgo en la web, Andrés, de Marca Personal, y a propósito de unos comentarios de uno de sus lectores sobre su encuentro con Naomi Klein más-de-lo-mismo (aunque pueda compartir parte de su teoría del shock), hace lo mismo con un post llamado Mercenarios. Merece la pena leerlo de cabo a rabo, así como los comentarios.
Si, los mercenarios son (somos) los mismos que resultan insultados en ese artículo de El Economista. A mi juicio, y personalmente, lo de mercenario no me suena mal. Me suena a alguien profesional, eficaz y eficiente, a quien se contrata para solucionar problemas, graves y concretos. Evidentemente tiene sus connotaciones bélicas, pero precisamente por su profesionalismo, las peores barbaridades las han hecho los no-profesionales, aquellos que combatían por la fe o la ideología. Mercenarios fueron, de un modo u otro, desde los tercios de Flandes hasta los hombres de Hernán Cortés, por poner ejemplos.

