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Siguiendo con los temas de Conceptos de Economía, hoy vamos a explicar un término contable del que se está hablando muy frecuentemente con motivo de la crisis financiera, la provisión.

De forma general, la definición formal de provisión es un apunte contable que se hace en el pasivo, en gastos, como reconocimiento de un riesgo tanto cierto como incierto. Pasemos a explicar esta definición en mayor profundidad.

Empecemos por un ejemplo. Imaginemos que una empresa vende productos en un año por 100.000 euros. Y esto se traduce en que haya unos beneficios de 80.000 euros que, por decisión de los socios, se decide repartir entre los accionistas. Pero los productos no se venden al contado sino que se pagan al cabo de cierto tiempo. Imaginemos también que los clientes de dicha empresa no son buenos pagadores. Incluso alguno cierra el negocio y va a ser muy complicado cobrar por dichas ventas realizadas. Esto hace que los beneficios que se presentaron fueran completamente ficticios (o muy optimistas) y debido al reparto de un beneficio que no era real se ha reducido los fondos propios de la empresa más de lo que se esperaba. Esta empresa lo que necesitaba era un mecanismo contable que permitiera decir “sí, he vendido mucho, pero tengo un riesgo de no cobrar; reduzcamos los beneficios que vamos a tener a costa de un gasto que contemple la posibilidad de incurrir en esta posible pérdida”. Esto es una provisión.

También puede haber provisiones para otro tipo de riesgos. Por ejemplo, para cubrir incidencias en los productos vendidos que tienen garantías. Imaginemos que una empresa sabe estadísticamente que aproximadamente el 3% de los productos que vende se estropean en el plazo de la garantía. Si se tiene en cuenta este dato a la hora de hacer la contabilidad, a través de una provisión, no se tendrá que afrontar el gasto cuando se produzcan las devoluciones, sino que ya estará reflejado en las cifras.

Otro ejemplo puede ser que multen a una empresa. Dicha empresa, si no está de acuerdo con la sanción, la puede recurrir. Pero además puede reflejar en las cuentas el gasto de la multa aunque exista la posibilidad de ganar el recurso y no tener que pagar.

También puede que una empresa sepa que en el futuro va a tener que realizar un desembolso, por ejemplo por reparación periódica de maquinaria, y decide contemplar dicho gasto distribuido en varios ejercicios, en lugar de hacerlo sólo el año que toca.

Es decir, en las empresas hay riesgos de que incurrir en pérdidas previsibles de cantidades que pueden o no estar determinadas, ya sea por impagos, reparaciones, multas o impuestos no esperados. Todo esto habría que tenerlo en cuenta en la contabilidad para que las cuentas de la empresa resistan estas inesperadas situaciones. Y para esto existe la figura de la provisión.

Cuando se realiza la contabilidad se puede hacer un apunte que contemple estos riesgos. Por ejemplo, cuando se haga una venta que no sea al contado, se puede provisionar cierto porcentaje de dicha venta, por si al final no se cobra. Por ejemplo, el 5%. Si al final el índice de morosidad de nuestros compradores es inferior al 5%, entonces nuestras cuentas está protegida ante estos riesgos, es decir, habremos ganado más dinero del que hemos reflejado en beneficios y por tanto tendremos unos ingresos extra. Si en cambio nuestras provisiones eran insuficientes, tendremos menos beneficios y a lo mejor se pone en riesgo la viabilidad de la empresa.

También se pueden cancelar las provisiones hechas con anterioridad si los riesgos no se han consumado. Por ejemplo, imaginemos que una empresa provisiona 1.000 euros para cubrir impagos o reparaciones en el año fiscal 2008. En 2009 se han consumado algunos riesgos que tenía, pero no hasta los 1.000 euros, sino sólo 800 euros. Lo que ha sobrado, 200 euros, hay que llevarlo a ingresos, y para el ejercicio en curso, 2009, hay que volver a provisionar los riesgos que se tengan que afrontar.

En algunos sectores, como la banca, la legislación proporciona una normativa de provisiones mínimas. Y por tanto, cuando se concede un crédito, hay que provisionar parte de él por si el crédito entra en mora. También, cuando un cliente deja de pagar, se establecen unos plazos para ir provisionando, según pasa el tiempo, partes mayores de dicho crédito impagado. Por tanto cuando la mora sube, los beneficios bajan, aunque al final se acabe recuperando el dinero por medio de embargo de las garantías que se proporcionaron para lograr el crédito. De hecho, el Banco de España ha sido famoso en la crisis financiera por obligar a los bancos españoles a hacer provisiones abultadas en momentos boyantes (provisones anticíclicas) con lo que en teoría están mejor preparados para afrontar momentos difíciles. Digo en teoría, ya que si la mora sube mucho no hay provisión que lo cubra (bueno, sí, la del 100%, pero eso no es práctico) y en la actualidad está rebajando las obligaciones de provisionar para que los bancos no tengan que ampliar capital.

Imagen | Eric Caballero

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