
2 de noviembre. Resaca de un trimestre negro para las grandes compañías tecnológicas. El Nasdaq apaga las luces en rojo con una caída del 1,2 %. Los grandes valores teñían de ese color su evolución. Pero despunta claramente uno: Apple. Su desplome es el doble de intenso que el del resto, cerrando así un mes y medio infernal, en el que ha pasado de la euforia a la desconfianza. Un mes y medio que rompe su imagen de imbatibilidad e infalibilidad.
El 21 de septiembre marcaba un hito histórico: lograba superar la barrera de los 700 dólares y tocaba el techo con 705, después de convertirse un mes atrás en la compañía con mayor capitalización bursátil de la historia (al superar los 620.500 millones a los que llegó Microsoft a finales de la década de los 90). Todo era euforia, después de la presentación oficial del iphone 5 que, pese a la decepción de algunos, lograba cifras récord en los primeros días.
A partir de ahí, las cosas se ponían difíciles en Cupertino. La desconfianza se adueñaba de los inversores, que no las tenían todas consigo y empezaban a mirar con cierto recelo a la compañía. El mes de octubre supuso una bajada continuada en Bolsa hasta que llegó otro punto álgido: la presentación de los resultados del tercer trimestre. El 26 de octubre salía a escena para mostrar unas cifras que reflejan una pequeña desaceleración en su imparable crecimiento, y que acarrean un plus de desconfianza. Se vendieron 3 millones menos de iPad y una caída del 19 % en los reproductores iPod.
Después llega la presentación del iPad ‘mini’, un dispositivo más pequeño y más barato que el mismo cuya versión nueva presentaron unas semanas atrás. Se trataba de dar un giro de 180 grados a la política de Jobs, que siempre se negó a fabricar algo así. Y, además, suponía una apuesta arriesgada que los inversores la han analizado con recelo: algunos cálculos hablan de pérdidas de una venta de iPad de 10 pulgadas por cada cinco ventas de este ‘mini’, tal y como nos comentan nuestros compañeros de Applesfera.
Y lo último ha sido lo que nos comentaba hace unos días el compañero Aurelio en otra entrada en este blog: el actual CEO de la compañía, Tim Cook, borraba de la cúpula directva al vicepresidente del sistema operativo iOS, Scott Forstall, y de John Browett, vicepresidente senior de las tiendas físicas de Apple. El primero de ellos era un miembro muy cercano al fallecido Steve Jobs. Se trata de decisión que tampoco ha sentado muy bien entre los inversores.
La curva a la baja es más pronunciada en estos últimos días. Está claro que la desconfianza ha cundido respecto a la hasta ahora imbatible compañía fundada por Jobs. Sigo pensando que se mira con excesivo recelo cualquier movimiento de la compañía, pero sí es cierto que los actores del escenario tecnológico están muy fuertes y su posición por encima del bien y del mal se está borrando.
¿Significa esto un antes y un después de Apple? El tiempo lo dirá. Lo que es evidente es que las alarmas están encendidas en la compañía de Cupertino. Habrá que ver cuáles son los siguientes movimientos para calmar los ánimos.
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