Recordando el milagro español

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Recordemos el milagro español. Parece que han pasado varias épocas desde aquellos días en que nuestros políticos nos repetían por activa y por pasiva que España jugaba en la Champions League de la economía mundial, pero lo cierto es que hace apenas unos pocos años. Y es que todos los indicadores económicos de nuestro país comenzaron a dispararse tras la crisis de 1992. Incluso nuestros vecinos europeos nos usaban de ejemplo y se preguntaban: ¿qué está haciendo España?

La respuesta a esa pregunta era muy simple: nada de lo que hoy podamos sentirnos orgullosos. España se benefició de unos tipos de interés históricamente bajos que incitaban a la ciudadanía a endeudarse absurdamente hasta límites insospechados. El pack hipoteca + cochazo + vacaciones exóticas se hizo tristemente famoso en aquella época. Éramos una potencia mundial en pleno boom. El alcohol en forma de endeudamiento circulaba a gran velocidad por nuestras venas.

Unámosle a esto la gestación de una burbuja inmobiliaria histórica que aún a día de hoy sigue sin pincharse y la llegada a mansalva de unos inmigrantes que representaban una mano de obra baratísima, la mayoría de ellos dirigidos al sector de la construcción. ¿Qué podía salir mal? El esquema de Ponzi en que habíamos convertido a nuestro país era rentable y a aquel que manifestase públicamente lo contrario se le tachaba de antipatriota, por no decir amargado.

Sin embargo, llegó el año 2008 y todo se derrumbó. Se puso de manifiesto que el sistema tenía unas grietas enormes y el desquebrajamiento del mismo se precipitó. Las consecuencias de este desastre son fácilmente identificables y las sufrimos hoy en nuestro día a día: un mercado laboral insostenible, un sector público ineficiente, familias endeudadas, bancos quebrados, empresas arruinadas y la esperanza perdida. ¿Mereció la pena? Me temo que no.

¿Y por qué saco este tema ahora?, os preguntaréis. Muy simple: porque no debemos olvidar lo que pasó. La debacle económica actual fue gestada intencionadamente por aquellos que en ese momento estaban en el poder con fines exclusivamente electoralistas. A ellos hay que exigirles responsabilidades y llevarlos ante la justicia. Todos y cada uno de los culpables tienen nombre y apellidos. Fueron malos gestores y peores personas, y hoy todos ellos viven mejor que tú y que yo.

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