No hace falta decir que actualmente nos encontramos en una coyuntura recesiva de la economía, y por tanto, en una etapa muy complicada tanto para los directivos, así como para los empleados de la mayoría de las empresas. Por un lado los directivos han de lidiar con una plantilla estresada, trabajando a un ritmo más acelerado que en los años anteriores a la crisis, con menos ‘recursos’ para reducir costes salariales, y sobre todo, con una caída de los beneficios que hacen aún más complicada la consecución de objetivos.
Por otro lado se sitúan los trabajadores, que se encuentran desmotivados por la sangría del paro y el miedo que este genera, por la congelación de sus salarios, al nos practicarles subidas en los últimos años, y por la desconfianza generalizada en el entorno.



