Crematorio

Crematorio
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HOY SE HABLA DE

Lo prometido es deuda, y más en un blog económico. Aquí no hay quitas. Tras ver Crematorio, la serie, me hice con un ejemplar de la obra en que está basada. La novela homónima de Chirbes, Crematorio, ha supuesto todo un descubrimiento, incluso tras ver la serie. Guardando relación, poco tienen que ver. Os explico las dos grandes diferencias que he percibido.

Para empezar la serie se plantea como una de las mejores series españolas (es buena, pero no creo que tanto) y sobre todo como la serie definitiva sobre la corrupción urbanística y sus aledaños. En la novela ese tema es un fondo sobre el que se desarrollan los personajes, sus pensamientos, sus relaciones. Nos ayuda a entenderlos, nos explica como son, pero, al menos en mi opinión, la corrupción urbanística no es el tema central de la novela. Cosa bien distinta es que sin duda podemos extraer de ese escenario una amplia información sobre como se mueven los negocios, la política, y el desarrollo social de una época, de un país.

Como consecuencia de esta planteamiento distinto entre las dos obras, además de por la propia lógica del lenguaje televisivo, los argumentos son distintos, con diferencias notables en algunos casos. Es más, a nivel estilístico, y frente a la facilidad de consumo de la serie, la novela es árida, muy árida. Casi tanto como el suelo de las urbanizaciones de los Bertomeu. No hay un punto y aparte, y no es una forma de hablar. No lo hay.

Y es que, y ya pasamos a lo que si es la novela, dicha apuesta por el puntoseguidismo tiene su sentido. Cada capítulo de la novela supone una grabación de los pensamientos de los distintos personajes, ensimismados en ellos. Todas esas reflexiones, todos esos recuerdos, deseos y frustraciones se desatan a raíz de la muerte del hermano pequeño del ¿protagonista?, Ruben Bertomeu, magnate inmobiliario, y factótum de Misent, el Macondo inmobiliario que se ha montado Chirbes.

Pero este blog no es de crítica literaria ni yo estoy capacitado para hacerla, así que yendo a lo que nos ocupa, a los temas económicos, financieros, etc, que se recogen en la novela os destaco los siguientes a bote pronto y sin querer condicionar vuestra experiencia lectora:

  • En la novela se profundiza menos que en la serie sobre las vinculaciones de Bertomeu con el crimen organizado, la corrupción política y el mundo financiero. Aunque a veces se señale expresamente, muchas se insinúa, se deja caer. A cambio el foco se abre mucho más, por ejemplo se alude a los medios de comunicación, que en la serie prácticamente ni aparecen, así como a la vinculación de la corrupción con todos los partidos.
  • Por otro lado, y en ese momento en que la vida le recuerda su carácter mortal, Bertomeu se encuentra con un problema habitual en las empresas familiares. No hay herederos. Es más, sus sucesora natural lo desprecia, aunque no a su dinero que es el que ha propiciado su ritmo de vida. Sin entrar en en spoilers, el guiño del destino a Ruben para solventar este problema me temo que llega demasiado tarde.
  • Desde un punto de vista del negocio propiamente inmobiliario creo que está mejor resuelta que la novela, incluso se alude a los PAUs.
  • En relación con el punto anterior, hay una evidente tensión entre los viejos propietarios, representados por la madre o por el escritor moribundo, y los nuevos que quieren cambiar el destino de ese suelo, representados por Bertomeu y el resto de promotores. Para construir las casas tienen que destruir el viejo mundo de aquellos, sin remisión. Viejo mundo que, entre nosotros, no ha de ser necesariamente mejor que el venidero.
  • Desde una óptica más prosaica, la novela nos va mostrando los juguetes rotos del desarrollo inmobiliario, como Collado. Una cosa es construir y otra muy distinta es promover. El riesgo es ¿compartido? pero sin duda el lucro está en la promoción, en el mundo de las ideas. De ahí el antagonismo de Bertomeu con su hija, su hermano, etc…no se trata de materialismo vs. idealismo, son debates en el plano de las ideas.
  • Es de agradecer que Chirbes intenta huir del maniqueísmo, de los buenos y de los malos, de la superioridad moral de unos frente a otros. No logra conseguirlo del todo, sin embargo, lanzando punzadas al capitalismo en su faceta inmobiliaria, olvidando que eso es puro corporativismo inmobiliario, una amalgama simbiótica de políticos y empresarios.

Una vez más, os recomiendo su lectura, pero que no os la vendan como una novela sobre la corrupción inmobiliaria. Eso es solo un síntoma, quizás incluso MacGuffin del autor.

PD: Os dejo con una entrevista a su autor en La 2:

Más información | El País

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