Detrás de cada surtidor hay un negocio que la mayoría de conductores desconoce, y una creencia que Mónica Marí lleva años escuchando en su estación de servicio en Ibiza: que el combustible más caro es, por definición, el mejor. La responsable de Elefante Azul y Autonetoil Sant Antoni lleva suficiente tiempo al frente de una gasolinera para saber que esa ecuación, para qué engañarnos, no siempre cuadra.
"Mucha gente cree que porque un combustible sea más caro es automáticamente mejor, pero no siempre es así", dice con contundencia en una entrevista con La Vanguardia. "El combustible ya viene aditivado y nosotros además añadimos aditivos específicos en cada descarga. Que una gasolina sea más barata no significa que sea peor". La razón de fondo, según ella, es que el consumidor suele asociar precio con calidad, una regla que funciona en muchos ámbitos del consumo pero que en el caso de los carburantes tiene matices importantes.
"La diferencia de precio responde también a decisiones comerciales y empresariales".
"La idea de que una estación low cost vende un combustible inferior no se corresponde con la realidad que nosotros vemos en el sector", insiste Marí. "El combustible recibe sus tratamientos y aditivos igual que en muchas otras estaciones. La diferencia de precio responde también a decisiones comerciales y empresariales". Es decir: no pagas más por un líquido distinto, sino por un modelo de negocio distinto (más servicios, más personal, más marca), y eso es algo que los conductores no siempre tienen presente cuando eligen surtidor.
Todos los combustibles que se venden deben cumplir una norma
Llegado a este punto, conviene auditar la afirmación. En España, todos los combustibles que se venden al público deben cumplir la norma UNE-EN 228 para gasolina y la EN 590 para diésel, un estándar que establece límites estrictos para azufre, densidad, número de octano y otros parámetros. Estos requisitos están respaldados por los reales decretos 61/2006 y 290/2015, y desde el Ministerio de Industria se realizan muestreos periódicos. Si una gasolinera vende combustible fuera de especificación, las consecuencias legales son claras. Lo que dice Mónica Marí, por tanto, no es una opinión: es lo que marca la ley.
La evidencia empírica refuerza su punto. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) analizó 80 muestras (40 de gasolina 95 y 40 de diésel) en todo tipo de cadenas y el veredicto fue contundente: no se detectaron diferencias significativas en la composición del combustible analizado en las distintas estaciones de servicio. Para hacerse una idea de lo que esto significa en la práctica: un conductor que llena un depósito medio de 55 litros puede ahorrar entre 8 y 11 euros repostando en una low cost (donde el precio suele ser entre un 10% y un 20% inferior, según la Asociación Nacional de Estaciones de Servicio Automáticas), y el líquido que mete en su coche cumple exactamente las mismas especificaciones que el de la gasolinera premium de la esquina.
No obstante, la polémica no está zanjada. El propio medio que publica la entrevista a Marí enlaza en el mismo reportaje un artículo de Carlos Pérez, recientemente elegido mejor mecánico de España, donde afirma que "lo importante es evitar el combustible low cost, que a largo plazo puede causar averías". Es una contradicción directa con lo que dice la responsable de la gasolinera, con lo que dice la OCU y con lo que dicen los profesores de ingeniería química de la UCM y la USAL consultados por Newtral, que lo resumen así: en España hay ocho refinerías y toda la gasolina, vaya a donde vaya, viene de la más cercana a través de la misma red de distribución (Exolum). ¿Qué hace el conductor medio con dos voces tan autorizadas diciendo cosas opuestas? Pues lo de siempre: decidir con la información que tiene, que suele ser poca. Lo que sí sabemos es que la normativa prohíbe vender combustible fuera de especificación, y que la OCU no encontró incumplimientos en 80 muestras. Lo que no sabemos es si los aditivos de marca que añaden las cadenas premium generan una diferencia de protección a largo plazo que los análisis estándar no capturan (esa estadística, por ahora, no existe).
El contexto general no ayuda a calmar la ansiedad del conductor. En 2025, la gasolina en España se situó en una media de 1,504 euros por litro y el gasóleo A en 1,434, según la CNMC, cifras ligeramente inferiores a las del año anterior pero que siguen situando a España por debajo de la media de la zona euro (1,66 euros el litro de gasolina, 1,53 el diésel). Desde El Blog Salmón ya se advirtió en noviembre de que la nueva regulación europea ETS2 podría encarecer el litro en hasta 13 céntimos, y las gasolineras low cost, que basan su modelo en márgenes ajustados y alto volumen, son las que menos margen de maniobra tienen para absorber nuevos costes regulatorios.
El sector low cost crece a un ritmo del 40% anual precisamente porque gana menos por litro pero vende mucho más, una ecuación que se complica si el precio de base sube y la diferencia con las grandes cadenas se estrecha. Traducido a tu bolsillo: si repostas en una low cost porque el precio te convence, la calidad del combustible no debería ser tu preocupación. Pero si la normativa ETS2 encarece el litro para todos por igual, la ventaja competitiva de las gasolineras baratas se reduce, y lo que hoy ahorras en el surtidor puede que no lo ahorres dentro de unos meses.
Imagen | ClickerHappy (vía Pexels)
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