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Un término que aparece continuamente al contratar productos financieros, ya sean préstamos o créditos, es la Tasa Anual Equivalente, o TAE. Dentro de nuestra serie de Conceptos de Economía pretendemos explicar este término tan frecuentemente usado.

El objetivo de la TAE es facilitarnos la comparación de los productos financieros, que, de otra forma, nos llevaría a confusión. Pongamos un ejemplo para aclarar este punto.

Imaginemos que un banco nos ofrece un depósito a un año al 10% cuyos intereses se liquidan a la finalización del mismo y otro banco nos ofrece lo mismo, pero los intereses se liquidan mensualmente y sobre el mismo depósito. A simple vista, ambos préstamos son muy parecidos, pero el primero nos dará al cabo de un año 100 euros por cada 1000 invertidos y en cambio el segundo nos dará 104,71 euros. ¿Y esto por qué? Simplemente porque al pagarnos los intereses mensualmente, el siguiente mes tenemos más capital y por tanto más intereses (interés compuesto). Por tanto la rentabilidad real del primer depósito es del 10% y la del segundo del 10,47%. Es decir, la Tasa Anual Equivalente del primer depósito coincide con el interés nominal, pero en el segundo caso no.

Para que podamos comparar los productos financieros sin tener que leer mucho la letra pequeña, la TAE aglutina los tipos de interés, el plazo de la operación (como ya hemos visto) y las comisiones. Es decir, nos ayudan a determinar cuánta rentabildiad real tendríamos en un depósito si funcionara durante un año, y también cuanto pagaríamos de intereses en un crédito si el plazo fuera un año.

También conviene advertir que la TAE, como su propio nombre indica, nos dice la rentabilidad del producto o los intereses a pagar en el caso de que el producto sea anual. Es decir, si contratamos un depósito a un mes al 10% TAE eso significa que es mejor que un depósito a un mes al 5% TAE, pero no quiere decir que sea mejor que un depósito a seis meses al 5%, ya que este último funciona durante seis meses y nos permitirá obtener mayor rentabilidad total.

Aún así la TAE no es perfecta, ya que no incluye algunos gastos. Sí que incluye las comisiones, pero existen muchos gastos que no son comisiones (gastos notariales, impuestos, gastos por transferencia de fondos…). Por tanto hay que seguir leyendo la letra pequeña. No vaya a ser que por unas décimas de mejor TAE en una hipoteca nos hagan contratar una tarjeta de crédito que no queremos y cuyos gastos de mantenimiento sean más altos que la diferencia con una hipoteca con una TAE peor.

También hay que tener cuidado porque muchas veces, sobretodo en los préstamos personales que conceden los comercios, no incluyen los gastos de apertura, aunque en teoría la TAE sí que debería incluirlos. Por tanto nos anuncian financiación al 0% TAE a doce meses de un electrodoméstico que cuesta 500 euros, lo cual parece muy ventajoso, pero luego nos cobran 50 euros por la apertura, lo que quiere decir que la TAE es realmente del 10%. Pagamos 550 euros por el electrodoméstico simplemente por derogar el pago a 12 meses, un 10% más de su precio original. El ejemplo no es que sea una mala oferta, ni mucho menos, pero desde luego no es el 0% TAE prometido.

Más información | Actibva, Rankia
Foto | David Lacarta

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