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Esta mañana, Marco Antonio publicó una buena descripción de los eventos que nos llevaron al estallido de la crisis y qué condiciones económicas resultaron en los líos en que estamos. Está claro que durante muchos años los países disfrutaron de un boom económico financiado por liquidez desenfrenado que, como pasa cuando hay fiesta interminable y el alcohol es inagotable, se suelen hacer cosas que a la mañana siguiente, en la luz del día y con tiempo para reflexionar, no nos sentimos tan orgullosos. El problema es que la fiesta económica duró más de dos décadas que fue suficiente tiempo para que los responsables de la gestión económica se olvidaron de su papel de control y de regulación y los que estaban en plena fiesta actuaban como si esta no terminara nunca.
No hay duda de que los mercados financieros, internacionales y domésticos, actuaron de forma irresponsable y por eso vimos la explosión tanto de productos financieros sofisticados que casi nadie, por no decir nadie, entendía y como de deuda de menor calidad, especialmente a través de las hipotecas a clientes que, en situación normal, nunca hubieran visto la posibilidad de encontrarse con una casita suya a través de la financiación de los bancos. No es del todo justo culpar a las familias que, encontrándose con la posibilidad de comprar su casa, sucumbieron a la tentación con la expectativa de que podrían hacer frente a los pagos necesarios. Quién sabía, con el boom que se vivía, quizás subirían sus sueldos con la resultante reducción de la carga a las cuentas familiares del coste de la hipoteca. Con el tiempo, eso no es lo que pasó y muchas familias se encontraron en situación de cada vez más dificultad y al final el sector estalló en la llamada crisis del subprime, ¿recordamos esta? Todo esto lo vimos a gran escala en Estados Unidos, pero también de forma importante en España y en muchos otros países.
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