El fin del dinero barato japonés introduce un nuevo foco de riesgo para los mercados

El Fin Del Dinero Barato Japones Introduce Un Nuevo Foco De Riesgo Para Los Mercados
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Javier Ruiz

Han sido décadas en las que Japón ha sido una anomalía dentro del sistema financiero global. Con tipos cero o negativos, el Banco de Japón ha mantenido una política monetaria ultraexpansiva que convirtió al yen en una de las principales fuentes de financiación barata del mundo. Ese equilibrio empieza a romperse, y los mercados ya están reaccionando.

La volatilidad en el mercado de deuda japonesa se ha intensificado, con caídas en el precio de los bonos soberanos y subidas de rentabilidad poco habituales en un mercado tradicionalmente estable. Estos movimientos ponen en riesgo hasta siete billones de dólares en mercados globales de deuda, según estimaciones de la prensa económica, dada la enorme interconexión financiera de Japón con el resto del mundo.

Los mercados se mueven

El ajuste japonés traspasa una cuestión monetaria y coincide con un momento de elevada incertidumbre política. Reuters advierte de un posible deterioro de la confianza en el yen tras la convocatoria de elecciones anticipadas, un factor que añade presión adicional sobre los mercados de divisas y refuerza la volatilidad global.

Sin embargo, el ajuste no se limita a Japón. Los movimientos en los bonos nipones empiezan a trasladarse a otros mercados de deuda y a generar tensiones en divisas y activos de riesgo. En las últimas semanas, la prensa económica ya había señalado que los cambios en la política monetaria japonesa están afectando a la percepción de riesgo global y a la estabilidad de los mercados de bonos en otras economías avanzadas.

La clave de todo esto es que Japón no es un mercado periférico, sino uno de los mayores emisores de deuda pública del mundo y un actor central en los flujos financieros internacionales: cuando su mercado de bonos deja de comportarse como un activo “seguro”, el efecto se amplifica.

Algunos analistas han ido más allá y apuntan a posibles movimientos de liquidez coordinados para contener una depreciación desordenada del yen. Según El Economista, en los mercados circula la sospecha de una intervención indirecta de la Reserva Federal, una señal de que la volatilidad japonesa empieza a preocupar también fuera del país.

Japón deja atrás décadas de dinero ultra barato

El detonante de este cambio es el giro del Banco de Japón, que ha puesto fin a los tipos negativos y ha iniciado una retirada gradual de los estímulos extraordinarios. Tras años luchando contra la deflación, la política monetaria japonesa entra en una fase de normalización que marca un punto de inflexión histórico.

Durante décadas, este marco convirtió al yen en la base de innumerables estrategias financieras globales. Fondos e inversores se endeudaban en Japón a bajo coste para invertir en activos con mayor rentabilidad en otros países. Ese papel de “proveedor de liquidez” actuó como un ancla silenciosa para el sistema financiero internacional.

No obstante, el abandono progresivo de ese modelo explica por qué los mercados reaccionan incluso cuando el banco central japonés adopta decisiones prudentes o graduales, ya que la estabilidad de fondo ha cambiado.

El principal foco de atención son las operaciones de carry trade en yenes, que se empiezan a deshacer. Estas estrategias, basadas en financiarse barato en Japón para invertir en otros mercados, han sido durante años un pilar invisible de la liquidez global.

Si el aumento de los rendimientos japoneses y la mayor volatilidad continúan, parte de esos flujos podría revertirse. El efecto sería una repatriación de capital hacia Japón, presionando a la baja a bonos y acciones en otras economías y provocando movimientos bruscos en los tipos de cambio.

Este riesgo ya aparece en distintos análisis de mercado, que advierten de que el cambio de régimen monetario japonés puede amplificar la volatilidad en un entorno global ya marcado por tipos de interés elevados, e incluso mercados alternativos, como Binance, han empezado a señalar que el fin del yen barato puede tener efectos en activos sensibles a la liquidez global, desde renta variable hasta criptomonedas.

Repercusiones globales

Fuera de Japón, el ajuste ya se empieza a notar en varios frentes, como las tensiones crecientes en los mercados de bonos internacionales a medida que los inversores reevalúan el papel de Japón dentro del sistema financiero global.

En cualquier caso, no hay consenso sobre una crisis sistémica inmediata, pero sí empieza a consolidarse una idea: Japón ya no actúa como amortiguador automático. Su retirada progresiva elimina una red de seguridad que el sistema financiero dio por sentada durante años.

Más que un golpe puntual, el fin del dinero barato japonés representa un cambio estructural. Sus efectos no tienen por qué ser inmediatos, pero pueden acumularse con el tiempo, especialmente si coinciden con un entorno global de tipos altos, menor liquidez y tensiones geopolíticas persistentes.

En ese sentido, el movimiento de Japón no es solo una noticia local, sino una señal de fondo sobre cómo está cambiando el equilibrio financiero internacional.

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