Ayn Rand: desde China con amor

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John Galt

Hace ya unos tres años escribí una pequeña entrada titulada El capitalismo fagocitador, en la que exponía la facilidad con que el capitalismo había deglutido a sus presuntos enterradores, incluso convirtiéndolos en objeto de negocio. Hoy, en cierto modo expongo el reverso de dicha moneda: como los apologistas del capitalismo son traicionados por el propio sistema, o quizás mejor dicho por sus discípulos.

Ayn Rand es seguramente una de las pensadoras más importantes para entender el revival del liberalismo en el siglo XX. Baste decir con que era la mentora ideológica de Greenspan, por poner un ejemplo. Su corriente de pensamiento, el objetivismo, construía una base filosófica para el capitalismo, ya que según ella y sus seguidores, la debilidad del capitalismo frente a las distintas caras del intervencionismo se centraba en la ausencia de dicho soporte.

Ayn Rand sostenía que aquellos que debían defender el capitalismo habían sido precisamente los responsables de sus debilidad estructural, por no ir a la esencia filosófica del mismo más allá de sus aspectos prácticos, y mantener en su respaldo que era el único sistema social, económico y político justo, racional, en consonancia con la naturaleza humana.

La difusión del objetivismo y de la obra de Rand en España ha sido muy limitada. Actualmente me resulta difícil encontrar obras de Rand que no sean editadas por Grito Sagrado, editorial argentina, militantemente liberal. Su vinculación con el objetivismo es claramente muy estrecha, la editorial es un difusor activo de dicha corriente de pensamiento, un paladin randiano.

¿Un paladin randiano? Es un poco duro terminar de leer Capitalismo: el ideal desconocido, y encontrarse en la contraportada justo encima de su ISBN 978-987-1239-57-4 la mención Impreso en China. Quizás soy corto de entendederas pero estéticamente resulta feo, y éticamente no creo que supere los estándares randianos el de colaborar con empresas cuyo control final es estatalista, siendo los propietarios meros administradores (por cierto, Rand llama a eso, con total propiedad).

El devenir es cruel. Si el objetivismo fue fundado por Rand en defensa de un capitalismo cuyos teóricos defensores habían acabado siendo sus involuntarios enemigos por falta de fundamentos teóricos, ahora, son sus propios discípulos los que afean o cuestionan su doctrina por una praxis indebida.

Permitidme recomendar en todo caso la obra de Rand. Con independencia de estar o no de acuerdo con ella, es refrescante que se cuestione temas que la inmensa mayoría considera incuestionables. Y todavía más si tenemos en cuenta que siguen plenamente vigentes más de medio siglo después.

PD: en el siguiente post, una pequeña joya sobre uno de los discípulos favoritos de Ayn Rand

Más información | Objetivismo.org, The Ayn Rand Center for Individual Rights
En El Blog Salmón | Hijos de Caín, ¿Qué hacer?
Imagen | HKDP

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