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seseña


Nos intentaron hacer creer que alquilar era tirar el dinero y mucha gente se lo tragó sin cuestionárselo siquiera. En los últimos años, comprarse una casa se convirtió en una cuestión cultural en nuestra sociedad: terminas los estudios, encuentras un trabajo y te compras una casa. La fiebre inmobiliaria se extendió por todos los rincones de nuestro país y ahora estamos pagando las consecuencias y sufriendo sus efectos.

En pleno boom burbujista los bancos concedían préstamos por más del 100 % del valor de los inmuebles. Los compradores de viviendas acudían en masa a por el crédito barato que además les permitía amueblar sus inmuebles, renovar el coche y algún que otro caprichito. Todo financiado a 30 o 40 años en gigantescas hipotecas que harían que nuestros abuelos se echasen las manos a la cabeza.

¿Culpa de Papá Estado por no regularlo, de los bancos por financiar sin condiciones o de las personas por no pararse a echar números antes de embarcarse en una deuda que condicionaría el resto de sus vidas? Es evidente que todos los actores tuvieron su parte de responsabilidad en este juego. Sin embargo, como no podía ser de otra manera, los compradores han sido los máximos responsables y los grandes perjudicados.

La realidad demuestra hoy que las casas no estaban realmente al alcance de todo el mundo. Como prueba de ello, los desahucios se han disparado en los últimos años a un ritmo que ha hecho sonar todas las alarmas. Solo en el segundo trimestre los juzgados firmaron 23.421 ejecuciones, un 14 % más que hace un año.

Hoy en día, la crisis económica ha regulado esta situación tan insostenible. Esas grandes hipotecas todo en uno ya forman parte del pasado y el grifo de la liquidez está bastante cerrado. Sólo en 2011 las hipotecas concedidas cayeron un 32,6 % y en lo que va de año el descenso va por el 28,5 %. Comprarse una casa ya no es tan fácil como antes. Además, ahora las entidades financieras evalúan con lupa el perfil de riesgo del prestatario, circunstancia a la que antes no se le prestaba la más mínima atención.

En mi humilde opinión, lanzarse a comprar una casa hoy en día como está el mercado es un acto de irresponsabilidad tremendo. La burbuja aún no se ha pinchado del todo y lo único que puede pasar en los próximos años es que los precios sigan disminuyendo. ¿Para qué intentar coger un cuchillo cuando este está cayendo? El alquiler es una opción bastante respetable y con mayor margen de adaptación a las circunstancias financieras del inquilino. ¿Merece la pena asumir el riesgo de la compra?

En El Blog Salmón | Stop a los desahucios cruza fronteras y fuerza la legislación de reforma de la ejecución hipotecaria en caliente, El precio de la vivienda seguirá bajando y Precios de la vivienda retroceden a niveles de 2004, pero aún no llega el equilibrio de mercado
Imagen | Grupo Francisco Hernando

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