
Me hace gracia ver como enfoca la prensa la ola de corrupción que en los últimos meses parece atravesar el país de punta a punta. Y más gracia aún me hace comprobar como la mayor parte de la gente se sorprende y pone el grito en el cielo ante esta situación. Queramos aceptarlo o no, la corrupción es parte de la cultura política española. El arte de me arrimo, trinco y unto existe en este país desde los orígenes de la democracia.
El Bigotes, Camps, Julián Muñoz o Urdangarín son sólo los pringados de turno que no han sabido untar bien a su entorno y, en consecuencia, son pillados por su manifiesta torpeza. Ellos sólo son chivos expiatorios que la maquinaria propagandística política utiliza para generar una cortina de humo con la que aparentan depurar el sistema.







