
Durante los años duros de la reconversión industrial de los 80 recuerdo perfectamente aquellas chabolas. En los extrarradios de las grandes ciudades, en los lugares más inhóspitos, crecían como setas las huertas y sus chabolas anexas. Era sorprendente el elevadísimo número de ellas que había. Sus poseedores solían ser prejubilados y parados, muchos de ellos procedentes de la España rural, y a los que se les había roto, así de repente, el sueño del desarrollismo. Algunos por ocupar su tiempo y evitar pensar, otros por echar una mano a la economía familiar, volvían a aquellas tareas que aprendieron de niños, eso si, en un marco muy distinto.
Pensé que aquello había desparecido y que hoy por hoy, únicamente nos quedaban casos como el de la Cañada Real, mas vinculados a la puros asentamientos ilegales y el urbanismo salvaje de medio pelo, que a este tipo de ocio semiurbano o de agricultura de subsistencia. Sin embargo, me equivocaba.



El banco inglés HSBC ha publicado un informe basado en una encuesta sobre el futuro de la jubilación, realizado con 11,500 personas en 10 países.