Gestionar correctamente el dinero es una de las tareas pendientes más habituales en muchos hogares. Aunque la educación financiera ha ganado protagonismo en los últimos años gracias también a las redes sociales, y en un contexto de inflación, aumento de gastos cotidianos y mayor incertidumbre económica, aún seguimos cometiendo errores básicos.
No se trata de errores financieros relacionados con grandes inversiones ni operaciones complejas que nos exijan tener unos conocimientos más profesionales. Sino en decisiones que tomamos en el día a día. Y una de ellas es el centralizar todo el dinero que tenemos en una sola cuenta bancaria.
Muchas personas aún tienen un batiburrillo difícil de controlar en un solo banco: salarios, pagos, ahorros, bizums, gastos imprevistos, suscripciones e incluso el dinero destinado a emergencias conviven alegremente en el mismo espacio financiero. Gran error.
A simple vista puede parecer una forma cómoda de operar, pero sobre este tema se ha pronunciado Elizabeth Wakefield, asesora financiera especializada en finanzas personales, inversiones e hipotecas, durante una intervención en el pódcast Tiene sentido. En él, explica por qué cree que esta forma de gestionar el dinero puede convertirse en un problema. Y ojo, porque la explicación es para reflexionar.
@tienesentidopodcast ¿Cuántas cuentas tienes? 🤔
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El error de mezclar todos los objetivos financieros
Tal y como explican en El Confidencial, Wakefield utilizó un ejemplo cotidiano para explicar una idea básica de organización financiera. "O sea, tener todo el dinero en una cuenta corriente es uno de los principales errores que mucha gente comete. ¿Por qué? Porque es como si tú tuvieras en tu casa los calcetines con los tenedores y con las herramientas de los martillos. O sea, no tiene sentido. ¿Para qué existen entonces las cajoneras y los armarios? Para poner las cosas en sus sitios".
La comparación pone sobre la mesa una idea sencilla: organizar el dinero por funciones. Igual que en casa distribuimos objetos en espacios distintos para facilitar el orden, las finanzas personales también pueden estructurarse de una forma más eficiente.
La gestión diaria suele incluir gastos recurrentes como recibos, alimentación, suministros, hipotecas o alquileres. Si a ello se suma dinero reservado para vacaciones, ahorro o emergencias, todo en su conjunto puede volverse confuso.
Una cuenta principal y otra destinada a emergencias
Desde su experiencia profesional, Wakefield propone una estructura basada en separar necesidades y objetivos.
La primera cuenta sería la destinada a la operativa habitual: ingresos, domiciliaciones, pagos mensuales y movimientos corrientes.
A partir de ahí recomienda incorporar una segunda cuenta específica para el fondo de seguridad. Según explicó, esa cuenta "que puede ser una cuenta remunerada idealmente" estaría pensada para guardar dinero destinado únicamente a situaciones inesperadas.
Ese colchón económico tendría un uso concreto: cubrir "imprevistos, urgencias y emergencias".
De hecho, especialistas en planificación financiera suelen considerar que disponer de un fondo equivalente a varios meses de gastos básicos puede reducir el impacto de situaciones como averías, pérdida temporal de ingresos o gastos sanitarios inesperados.
Además, el auge de las cuentas remuneradas ha provocado que muchos ahorradores busquen fórmulas para mantener liquidez sin renunciar a una rentabilidad moderada.
Ahorrar poco a poco para gastos futuros
Otra de las estrategias mencionadas por Wakefield consiste en anticiparse a gastos conocidos mediante una planificación previa.
Seguros, vacaciones, impuestos, reparaciones o compras importantes suelen producirse en fechas relativamente previsibles. Sin embargo, muchas personas esperan hasta el momento final para afrontarlos.
Para ilustrarlo, la asesora utilizó un ejemplo concreto: "Voy a irme de vacaciones y me voy a gastar 2.500 €".
La idea consiste en dividir ese gasto futuro en pequeñas cantidades periódicas. Tal y como explicó: "Mensualmente significa que voy a tener que estar ahorrando 150, 200, lo que sea".
Esta fórmula transforma un desembolso elevado en aportaciones más pequeñas y manejables. Además, las transferencias automáticas permiten automatizar el proceso y convertir el ahorro en una rutina estable.
Suscripciones olvidadas y gastos invisibles
La organización bancaria no es la única cuestión que preocupa a Wakefield. También considera que muchas personas desconocen realmente en qué se va su dinero mes a mes. Durante su intervención señala: "No acabamos de hacer una auditoría de nuestros gastos".
Las suscripciones digitales son uno de los ejemplos más frecuentes. Plataformas audiovisuales, almacenamiento en la nube, aplicaciones móviles o servicios online pueden mantenerse activos durante largos periodos sin apenas utilizarse. De hecho, suponen al año ya un gasto de 280 euros en el casi ni reparamos.
Diversos estudios sobre hábitos de consumo apuntan a que la acumulación de pequeños pagos periódicos puede convertirse en una fuga económica silenciosa.
La TAE como indicador real de una financiación
Otro aspecto relevante aparece cuando llega el momento de financiar compras.
El crecimiento de las fórmulas de pago aplazado ha aumentado la facilidad para acceder al crédito. Sin embargo, comprender las condiciones reales sigue siendo una tarea pendiente para muchos consumidores.
Wakefield insistió en prestar atención a la TAE frente a otros indicadores financieros: "La TAE es la tasa anual equivalente, que es cuánto me cuesta ese dinero, esa financiación, asumiendo todos los costes extra".
La diferencia es importante porque este indicador incorpora elementos adicionales que permiten conocer mejor el impacto económico real de una operación financiera.
Imágenes | @tienesentidopodcast
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