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Los vemos todos los días en nuestras calles, desempeñando múltiples trabajos. Es evidente que la inmigración, aparte de las lamentables imágenes que nos deja de desolación en determinados circuitos ilegales de entrada, o de determinados problemas derivados de la marginación, nos ofrece cada día estampas muy edificantes de gente trabajadora que busca, sobre todo, ganarse el pan.

Y fruto de ese esfuerzo, ganamos todos. Así lo afirma un estudio de Caixa Catalunya según el cual, en el periodo 1995-2005, los inmigrantes han aportado en 3,2 puntos porcentuales el crecimiento económico español (medido en términos de PIB per cápita) permitiendo que éste llegase al 2,6%. Es decir, que sin la inmigración, los españoles seríamos un 0,6% más pobres.

No está de más tener en cuenta este dato cuando se habla de inmigración como está ocurriendo en los últimos tiempos. Es evidente que los fenómenos migratorios suponen un reto social, cultural, económico, jurídico y, en ocasiones, incluso humanitario. Pero tengo la sensación de que se tiende a mirar únicamente el lado negativo del mismo cuando lo cierto es que una visión ponderada arroja resultados bastante más esperanzadores que lo que los titulares de prensa nos permiten intuir.

Vía | Cinco Días

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