Veo que Iñaki Arrola, CEO de Coches.com, nos dice que “Los emprendedores estamos de moda” y anima a participar en Manifiesto España Emprende, que busca impulsar la labor emprendedora en la economía, en la sociedad y en la educación. He escrito muchas veces en estas páginas sobre la importancia y la necesidad de esta labor y cualquier iniciativa que lo fomente es bienvenida.
Como dice Iñaki, tanto el candidato para el Partido Socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, la Ministra del Ministerio de Ciencia y Tecnología, Cristina Garmedia, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, están prestando mucha atención a emprendedores que hacen mucho ruido en las redes. Martin Varsavsky también nos ha comentado sobre su reunión con Sr. Pérez Rubalcaba, y Martin nos comentó sus propuestas para ayudar la situación de empleo en España, interesantes propuestas.
En este día en que se está hablando del fallecimiento de Steve Jobs, uno de los grandes emprendedores, sigo fomentando el labor empresarial como parte importante del crecimiento de la economía de un país. El impacto del labor empresarial sobre el desarrollo económico es importante, como es su impacto positivo sobre la inversión y sobre la creación de empleo.
Por eso me gustaron las ocho preguntas críticas para los emprendedores emergentes, de Patrick Driessen, que es consejero delegado de la empresa, Seed Accelerator, un grupo basado en Asia que impulsa nuevas ideas y nuevos proyectos. Si uno piensa en la posibilidad de iniciar un nuevo proyecto, se debe preguntar estas preguntas y responder correctamente. las preguntas, que explican en el artículo vinculado, son las siguientes:
Cuando vi el artículo de Rodolfo Carpintier titulado “¿Porque es tan difícil emprender a partir de los 40?” me temía lo peor, los estereotipos de siempre sobre mayores: que no son ágiles, no son creativos, no quieren trabajar, no serán constantes…ya sabéis, las tonterías que se oyen por ahí. Es verdad que muchos mayores son así, y muchos jóvenes también, y si están sentados en una silla cómoda en una empresa donde mandan a muchos y no tienen que levantar dedo excepto cuando están comiendo en restaurantes caros pagado con la tarjeta de crédito de la empresa, pues se entiende que sean reacios a dejarlo todo.. Pero de esos hay muy pocos.
Al contrario, Rodolfo nos hablo de casos reales, de lo difícil que es cuando un ejecutivo está cobrando €200.000 al año y sobre la dificultad de tomar la decisión de dejarlo todo para iniciar un nuevo proyecto donde se cobrará nada o muy poco durante un tiempo y, cuando haya conseguido financiación, mantendrán un sueldo bastante por debajo del que renunciaron en el ejemplo que nos da el artículo.
En estos momentos de complicación económica, casi nadie está preocupado por lo niveles de inflación, ya que dicen que hay otras prioridades muy importantes y más urgentes. Otros dicen que no debemos preocuparnos por un poco de inflación, ya que la crisis financiera y el desempleo son los problemas que deberían tomar toda nuestra atención y nuestra prioridad.
Algunos siguen con esa vieja y fracasada idea, aunque no muerta todavía, de que, como nuestros problemas son desempleo y estancamiento de la economía, no sólo no es malo pero nos vendría bien tener inflación para, así, reactivar la economía. Estos quieren volver a la fórmula de la desprestigiada curva de Phillips, que dice que hay una relación inversa entre el desempleo y la inflación y que, como consecuencia, si queremos menos desempleo, debemos aceptar más inflación. Para los que le conocemos, no sorprende que Paul Volcker no está de acuerdo con este planteamiento.
La obsolescencia programada es uno de los eufemismos empleados en economía para ocultar numerosas prácticas nefastas que sólo persiguen el beneficio de unos pocos. Como señala Annie Leonard en La historia de las cosas, la obsolescencia programa “es la elaboración consciente de productos de consumo que se volverán obsoletos en el corto plazo por una falla programada o una deficiencia incorporada”. Este documental realizado por TVE nos muestra nuevas aristas y da cuenta de numerosos productos expresamente diseñados para que dejen de funcionar apenas se cumple la garantía.
La motivación económica que los productores tienen para elaborar productos con una vida útil limitada es inducir intencionalmente a los clientes a seguir comprando nuevas versiones de estos productos a medida que falla o muere el anterior. Esto plantea la pregunta de rigor: ¿Por qué el mercado no castiga a los productores que utilizan la obsolescencia programada, y no beneficia a la producción de productos durables? La respuesta está en que el actual sistema de mercado sólo se interesa en el factor precio, y es el precio, es decir un factor financiero, el que regula la totalidad de las economías modernas.
Reuters acaba de publicar que Facebook duplicó su facturación en el primer semestre del año, respecto al año anterior, llegando a los 1.600 millones de dólares. Los beneficios de la compañía se sitúan en dicho semestre en los 500 millones de dólares. Las fuentes son anónimas, debido a que al no cotizar en bolsa (se rumorea que 2012 será el año), y parece ser que son inversores privados de la compañía.
Actualmente la venta de acciones privadas, fuera de los mercados, valora a la compañía en 80.000 millones de dólares, lo cual da un ratio precio a beneficios (PER, en inglés) de 80 (si extrapolamos los resultados del primer semestre al segundo). Este valor es muy alto y sólo tiene sentido si hay un gran potencial de crecimiento. De lo contrario estamos ante una burbuja.
Richard Heinberg no se hace problemas a la hora de anticipar el futuro económico: en The Party’s Over (La fiesta ha terminado, 2003), como se titula su primer libro, señala que la sociedad industrial que hemos conocido se encuentra en una fase de declive definitivo. Pero aunque su visión del futuro es muy severa, confía en la capacidad de adaptación del hombre a la sociedad post-petróleo, la que está brotando tras la borrachera del consumismo y el desarrollo industrial del último siglo.
Este video (¿Quien asesinó al crecimiento económico?) escrito y narrado por Heinberg, se basa en su último libro The end of Growth (El fin del crecimiento) y condensa parte de las ideas de esta colisión con los límites. Este choque, para Heinberg, se produjo el año 2008 con el estallido de la burbuja financiera. Por eso que la llamada recuperación, no es más que un juego de manos para disimular y dilatar al máximo posible, la caída inevitable del actual sistema. Entre sus múltiples consideraciones interesantes, el video contiene una referencia al documento realizado en 1972 por un puñado de científicos y que se dió a conocer como Los límites del crecimiento.
Este trabajo hizo temprana referencia al agotamiento de los recursos como el petróleo y los alimentos, pero fue deshechado por los economistas ortodoxos que consideraron que solo se trataba de “un conjunto de predicciones erradas, inventadas por un grupo de científicos locos”. Estamos comenzando a ver que quienes se equivocaron de verdad fueron los economistas de los años 70, quienes para Heinberg “solo hicieron uso de los sucios trucos de la retórica” para seguir conduciendo al planeta a toda velocidad en el agotamiento de los recursos. Es parte del problema que hoy vivimos.
El Banco de España ha dado el dato avanzado del crecimiento económico del PIB para el segundo trimestre del año. Si en el primer trimestre crecimos a un escuálido 0,3% (0,8% anualizado), ahora nos quedamos en el 0,2% (0,7% anualizado), frenando el pobre ritmo de crecimiento aún más. Nuestra supuesta recuperación se estanca.
El problema de todo esto es que sin crecimiento no lograremos generar empleo y esto nos mete en una espiral muy perniciosa (sin empleo no sube la recaudación fiscal, la única forma de cerrar el déficit será reduciendo gastos y esto no ayuda a que haya crecimiento). Estamos en una situación muy delicada.
Como suele ocurrir en todo este tipo de situaciones, el choque con el iceberg fue sólo percibido por aquellos que estaban en la cubierta, a la intemperie. Ni el capitán del barco ni el resto de la tripulación, ni mucho menos los pasajeros, detectaron el impacto. Pero este se produjo realmente y aunque se llamó a la calma advirtiendo que el barco era indestructible y que nada podía hundirlo, lo cierto es que éste se ha partido en dos y la marcha a dos velocidades indica que una parte se está hundiendo más rápida que la otra. En algún momento había que explicar lo que quieren decir los especialistas cuando dicen que existe un crecimiento a dos velocidades. Crecimiento real no hay por ninguna parte y todos los datos hablan más bien de estancamiento.
Se esperaba que Estados Unidos anunciara un crecimiento del 3,3% para el primer semestre de 2011 en virtud a las sólidas inyecciones a la banca, y aunque éste fue revisado a la baja e instalado en el 2,7%, la cifra real fue del 1,3%. Cuando se habla de recuperación se espera que el crecimiento anualizado sea del 4% o 5%, como ha ocurrido históricamente en otras crisis. Jamás se espera una cifra de 1,3%, y menos que ésta de incentivos para hablar de “recuperación”.
Thomas L. Friedman, el articulista de la New York Times y autor de “The World is Flat“ (2005) (La tierra es plana: Breve historia del mundo globalizado del Siglo XXI), libro que ganó el concurso organizado por el periódico económico financiero internacional, el Financial Times, y el banco de inversión estadounidense, Goldman Sachs, como el mejor libro de economía o finanzas de 2005, nos trae su próximo libro titulado “That Used to Be Us: How America Fell Behind in the World It Invented and How We Can Come Back“ (Eso era nosotros: ¿cómo américa se quedó atrás en el mundo que inventó y cómo podemos volver), escrito con professor Michael Mandelbaum del School of Advanced International Studies de la Johns Hopkins University.
Nos explica que Estados Unidos se enfrenta a cuatro retos importantes, y en el libro nos analizan estos retos y nos dan medidas a tomar para hacer frente a estos retos, que son los siguientes:
La globalización.
La revolución de la tecnología de la información.
Altos y contínuos déficits, en las cuentas públicas y en la balanza comercial.