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Cómo diseñar una subvención o ayuda pública

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Las subvenciones o ayudas con dinero público deberían estar diseñadas para que el público sea quien reciba el beneficio, de forma directa o indirecta.

Pero eso no siempre es así, hay varias formas de diseñar una subvención y unas son mejores que otras para el beneficio público, vamos con una clasificación desde la mejor diseñada a la peor:

Subvenciones con retorno directo

Son un tipo de ayudas como el Plan Pive3, que acaba de ser prorrogado de nuevo; por cada 1000 euros que el estado "gasta", recauda bastante más a través del IVA, además de que esos 1000 euros hay que declararlos como ingresos, por lo que hay que devolver a hacienda una parte de esa cantidad, nos encontramos que para un coche que cueste 21000 euros mas Iva, el gobierno pone 1000, el cliente paga 4200 de IVA y devuelve además parte de los 1000. Es un tipo de ayuda que se podría considerar una buena inversión para el estado y que no cuesta dinero al contribuyente (ya que se recauda más de lo invertido).

Otras que tienen retorno directo son las ayudas a la contratación, ya que un nuevo contrato, aunque sea bonificado, es un nuevo contribuyente y un parado menos; sin embargo esto se convierte en un arma de doble filo si no se regula correctamente y permite el abuso (encadenamiento de contratos bonificados, sustitución de puestos de trabajo normales por bonificados ... ) Por ese motivo este tipo de ayudas están un escalón por debajo, el retorno es directo, sin embargo existe, o pueden existir "peros".

Ayudas en forma de préstamos a bajo o nulo interés

Este tipo de ayudas que se dan a algunas empresas, tienen la ventaja para el estado de que el coste de la inversión se convierte en deuda que contrae el destinatario, con lo que mientras no se incurra en mora, el coste para el estado es casi nulo, y hasta puede generar algún tipo de interés, y si encima sirve para que esa empresa genere puestos de trabajo y beneficios, el estado obtendrá nuevos ingresos a través de impuestos y cuotas de la seguridad social.

Subvenciones con retorno diferido o a fondo perdido.

Son ayudas a la adquisición de determinadas inversiones, que se supone que servirán para mejorar la productividad, o para poner en marcha una actividad y por lo tanto generarán más ingresos via recaudación de más impuestos al aumentar los beneficios. Además son ayudas, que como las del caso anterior tributan como ingresos en la misma medida que como gastos, el balance para la empresa en ese punto es cero (suma como ingreso y resta como gasto) sin embargo el estado recupera parte de esa ayuda (ya que el importe de esos gastos no se deduce).

Estas si que cuestan dinero al contribuyente, ya que el retorno no es inmediato, ni tan claro, puede ser que algunas de esas inversiones no consigan ser rentables. Este tipo de ayudas las reciben algunos sectores industriales, el cine...

Con el ejemplo del cine, si el estado pone 100.000 euros para una película, y esta sólo recauda 100.000 euros(antes de impuestos, por simplificar), aún con el 21% de IVA, el estado recupera el 21% por esa vía y el esto es, efectivamente dinero que se pierde del fondo, si la película en cuestión recauda 500.000 antes de impuestos, el estado habría recuperado, via IVA, esa ayuda. En el primer supuesto, como los ingresos no llegan al nivel de los gastos, el beneficio sería negativo para la empresa y no tendría que pagar impuestos adicionales, sólo devolver el IVA recaudado, Mal negocio para el estado, mal negocio para el productor, pero al menos le ha salido más barata la película.

Subvenciones crecientes a fondo perdido

Sin duda el peor tipo de todos, es una fórmula que se usa tanto para las energías renovables como para empresas de transporte urbano, se subvenciona la producción, a más producción mayor subvención, lo que es para la administración que las concede (y el ciudadano que las paga) un muy mal negocio, que sólo beneficia al destinatario directo.

Como ejemplo de este mal diseño, los billetes subvencionados de transporte urbano, su precio normal es 1,27 euros por trayecto, el precio bonificado es 0,75; el ciudadano se ahorra (aparentemente) 52 céntimos por trayecto, pero, aquí viene el mal diseño, la compañía de transporte recibe ese importe del ayuntamiento, por lo que, cuantos más billetes bonificados se usen, más tiene que pagar el ayuntamiento (los ciudadanos), lo que es un claro gana-gana para la compañía que va a cobrar lo mismo por todos los billetes, y cuanto más se use el servicio (lo que ya debería ser suficiente para la compañía) más paga el ayuntamiento.

Concesiones administrativas (mal diseñadas)

En las concesiones adminsitrativas, la administración que las concede garantiza un retorno de la inversión (y ese es el mal diseño, desde mi punto de vista), de no producirse el retorno esperado, la administración tiene que pagar la diferencia.

Si las concesiones funcionan, se supone que la administración obtiene unos ingresos via impuestos que compensan la ayuda, pero no son pocas las concesionarias que declaran pérdidas millonarias y piden rescate (se me ocurren algunas autopistas) o que se les amplie el periodo de concesión (lo que se ve raro, si fuese tan mal negocio, no pediría otros 75 años de prórroga). Queda por ver además que esas pérdidas sean reales, y no fingidas para obtener esos rescates, o esas prórrogas. (En otro país me extrañaría esa práctica, aquí me extraña la empresa de ese nivel que no la haga, visto lo visto.)

Habrá concesiones administrativas mejor diseñadas, no las conozco todas, pero de las que conozco, son un gana gana para la concesionaria, que tiene garantizados unos ingresos gestione bien o mal, y en muchas ocasiones da lugar a abusos en los precios (peajes en las autopistas, que aumentan sin freno con la excusa de la baja recaudación) que contariamente a lo que ocurre en otros sectores, no bajan nunca (no he visto bajar los precios de peajes, de billetes de autobús...)

En El Blog Salmón | Subvenciones a "gin tonics" y el "siempre se ha hecho así", Las subvenciones a fondo perdido ¿son efectivas? Imagen | Fran Carreira

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