El subsidio para mayores de 52 años se dispara en España como red de protección. A la OCDE le preocupa que el sistema no logre reinsertar a los parados sénior

El Subsidio Para Mayores De 52 Anos Se Dispara En Espana Como Red De Proteccion A La Ocde Le Preocupa Que El Sistema No Logre Reinsertar A Los Parados Senior
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Javier Ruiz

España ha alcanzado un nuevo hito, pero no todos los organismos lo ven con buenos ojos. En este caso, hablamos del récord de beneficiarios del subsidio para mayores de 52 años, una prestación diseñada para proteger a quienes pierden su empleo en la recta final de su vida laboral y tienen grandes dificultades para volver al mercado laboral.

El dato confirma que la ayuda cumple su función como red de seguridad, pero también pone de relieve un problema más profundo: la incapacidad estructural del mercado para reabsorber a los trabajadores de más edad.

Qué es el subsidio para mayores de 52 años

El aumento del número de perceptores no es un fenómeno coyuntural ni responde a un repunte puntual del desempleo general. Los datos disponibles muestran que sigue creciendo el paro de larga duración entre los mayores de 50 años, un colectivo que, una vez fuera del mercado laboral, tiene cada vez menos probabilidades de regresar a él.

El subsidio para mayores de 52 años no es una ayuda de desempleo convencional. La principal diferencia es que, a diferencia de otros subsidios, puede percibirse de forma indefinida hasta alcanzar la edad legal de jubilación, siempre que se mantengan los requisitos de acceso. Además, incluye una característica clave: mientras se cobra, el Estado cotiza por el beneficiario a la Seguridad Social, lo que permite seguir generando derechos de pensión.

Este diseño explica, en gran medida, su atractivo y su persistencia. Para quienes han agotado otras prestaciones y afrontan un mercado laboral hostil, el subsidio no solo garantiza un ingreso mensual, sino que evita una ruptura completa de la carrera contributiva de cara a la jubilación.

El crecimiento del número de beneficiarios no implica que el paro total esté aumentando, pero sí indica que un segmento concreto de la población queda atrapado durante años fuera del empleo. En la práctica, el subsidio se ha convertido para muchos en una antesala de la jubilación, más que en un puente hacia la reincorporación laboral.

Este fenómeno revela una tensión clara. Por un lado, el sistema protege mejor que en el pasado a quienes pierden su empleo en edades avanzadas. Por otro, esa protección convive con una reinserción laboral muy limitada entre los mayores de 52 años, que suelen encadenar largos periodos de inactividad una vez salen del mercado laboral. Más de la mitad de los desempleados mayores de 50 años lleva más de un año buscando trabajo sin éxito, un indicador claro de paro de larga duración y de dificultades estructurales para volver a emplearse.

El mercado laboral y la edad

Además, los trabajadores sénior concentran una parte muy relevante del desempleo total en España y presentan tasas de retorno al empleo inferiores a otros grupos de edad. Diversos análisis apuntan a que, a partir de los 50–55 años, las oportunidades de reincorporación caen con rapidez, lastradas por factores como el edadismo, la segmentación del mercado laboral y la escasa eficacia de las políticas activas dirigidas a este colectivo. Esta dificultad para reengancharse al empleo es uno de los elementos que explican la persistencia del subsidio en el tiempo.

Como consecuencia, perder el empleo a partir de los 50 o 55 años suele implicar una exclusión casi permanente del mercado laboral. En ese contexto, el subsidio deja de ser una prestación transitoria y pasa a desempeñar una función estructural de sostén de rentas.

La crítica de la OCDE: incentivos y dependencia

En este punto, la OCDE señala el principal problema. El organismo internacional ha advertido en varias ocasiones de que el diseño del subsidio para mayores de 52 años puede generar incentivos débiles para la búsqueda activa de empleo y favorecer una dependencia prolongada de la prestación.

La preocupación no se centra únicamente en el coste presupuestario, sino en el efecto que una ayuda sin límite temporal claro puede tener sobre las decisiones individuales y sobre el funcionamiento del mercado laboral.

Dicho de otro modo, en la práctica, la prestación corre el riesgo de sustituir al empleo en una etapa de la vida en la que las oportunidades laborales ya son escasas. Desde esta perspectiva, la OCDE no plantea eliminar la protección, sino revisar su diseño para equilibrar mejor la seguridad de ingresos con incentivos efectivos a la reincorporación laboral.

Protección necesaria, reinserción pendiente

El debate de fondo no enfrenta protección social y disciplina presupuestaria, sino protección y funcionamiento del mercado laboral.

El subsidio para mayores de 52 años cumple una función clave al evitar situaciones de pobreza y garantizar cotizaciones en un tramo crítico de la vida laboral. Sin embargo, su crecimiento sostenido refleja también la falta de alternativas reales para quienes quedan fuera del empleo a edades avanzadas.

En conclusión, si no se corrigen las barreras que impiden a los trabajadores sénior volver a trabajar, el subsidio seguirá actuando como una solución estable a un problema estructural. Más que una anomalía, su expansión es un síntoma de cómo España gestiona el empleo y el desempleo en la última parte de la vida laboral.

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