Paula Nuévalos dejó su trabajo como ingeniera mecánica en Valencia para hacerse cargo de los viñedos familiares en Utiel. Tras el fallecimiento de su padre, asumió una explotación agrícola cuyo funcionamiento no depende de las temporadas turísticas ni de la imagen que los visitantes tienen de la vida rural, algo de lo que quiso hablar hace unas semanas con un vídeo en TikTok.
"La gente dice: 'Me encanta el pueblo'. Ya, cariño, a ti no te encanta el pueblo. A ti te encanta el pueblo en verano, que es cuando está la piscina abierta, cuando vas al bar, cuando te tomas ahí tus vacaciones. Lo que te gusta es estar aquí de vacaciones, en un sitio tranquilo", explica. Según cuenta, disfrutar de un pueblo durante las vacaciones no implica conocer las condiciones de vida de quienes residen allí permanentemente. Tampoco significa asumir las responsabilidades y la incertidumbre que acompañan al trabajo agrícola. La diferencia se hace evidente cuando termina el verano y disminuye la actividad social, aunque Paula también cuestiona la idea de que vivir en un pueblo tenga que significar irremediablemente aburrirse durante los meses de invierno.
El turismo estacional también marca los pueblos
Los datos reflejan la importancia de la temporada alta para el turismo rural. En agosto de 2026, los alojamientos rurales españoles alcanzaron una ocupación media del 70 %, siete puntos más que en el mismo mes del año anterior, según los datos publicados por Europa Press. Sin embargo, una elevada ocupación durante el verano no basta para determinar si los municipios prosperan económicamente durante el resto del año. En la España vaciada, el envejecimiento de la población y la pérdida de actividad económica plantean desafíos que van mucho más allá de la estacionalidad turística.
La idea de repoblar el interior también se enfrenta a dificultades materiales. Atraer visitantes o nuevos residentes puede contribuir a dinamizar un pueblo, pero mantener una comunidad requiere necesariamente de una visible actividad económica, empleo y servicios que funcionen durante todo el año. El caso de una familia que dejó Barcelona para instalarse en una aldea gallega de menos de 50 vecinos ilustra una de las posibilidades de asentamiento en el medio.
Los agricultores y otros profesionales que viven en estos territorios necesitan condiciones que les permitan desarrollar su trabajo y sostener sus negocios, desde las comunicaciones y el transporte hasta el acceso a servicios básicos. Además, las dificultades económicas de parte del trabajo autónomo, reflejadas en los datos sobre los rendimientos más bajos de los autónomos españoles, muestran que emprender no garantiza por sí solo unos ingresos suficientes.
Imagenes | @agropauli
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