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Joaquín Leyva, funcionario de prisiones: "En las cárceles se asignan 4 euros al día para la comida del preso"

Mientras el valor de los contratos públicos ronda los 100 millones de euros anuales, los presos asumen subidas de hasta el 40% en productos básicos del economato

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Redacción El Blog Salmón

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Alimentar a un preso en España cuesta unos 4 euros al día. Joaquín Leyva, portavoz de la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (ACAIP), contó en el pódcast La pura verdad cómo se gestiona este ajustado presupuesto para el 0,12% de la población total que vive reclusa (117 de cada 100.000 habitantes). "En las cárceles se asignan unos 4 euros al día para la comida del preso. Con ese dinero, el cocinero elabora desayuno, comida y cena", explica Leyva, en una extensa entrevista disponible íntegra en YouTube, donde detalla el encaje de bolillos de los responsables de compras.

Y todo se complica cuando en un centro de 1.000 internos tiendas dietas para diabéticos, celíacos y menús adaptados al Ramadán. Según recoge ABC en su sección Recreo, hay tres periodos de celebraciones al año, Navidad, Año Nuevo y la festividad de Nuestra Señora de la Merced, en los que se duplica el gasto hasta unos 8 euros para las comidas extraordinarias. Fuera de estas ocasiones, cualquier extra, como un café, corre a cargo del interno a través del economato, con un límite de 100 euros semanales, según explica el portavoz.

Los contratos millonarios para alimentar a los presos

Pero el salto a la escala nacional revela una maquinaria de contratación mucho más abultada. El Ministerio del Interior licitó en 2024 17 contratos valorados conjuntamente en 100 millones de euros para garantizar el suministro de alimentos a unos 47.000 internos de las prisiones dependientes de la Administración General del Estado, excluidas Cataluña y el País Vasco, que tienen las competencias transferidas. Según publicó The Objective, los contratos contemplaban menús variados, productos halal en las prisiones de Ceuta y Melilla y alimentos sin gluten ni lactosa. La cifra equivale a unos 2.128 euros por preso al año, si se divide el importe total entre los 47.000 internos.

El detalle del día a día llega después, cuando los proveedores tienen que encajar esos márgenes con una inflación alimentaria que ha encarecido los productos básicos. En El Blog Salmón contamos que los alimentos acumulan una subida cercana al 35% en España desde 2020, aunque el incremento varía según el producto. Y de ahí viene el problema de los gastos extra, porque ese límite de 100 euros semanales del que hablaba Leyva da para mucho menos que antes. Los economatos de las prisiones, las tiendas donde los reclusos compran sus productos de consumo diario, tampoco han escapado a la subida generalizada de precios. Según Infobae, el café llegó a costar 0,32 euros, un 33% más, mientras que el litro de leche rondaba el euro, con un encarecimiento del 40%. Estos datos corresponden a la información publicada en abril de 2025 y no permiten confirmar que esos precios sigan vigentes. La limitación presupuestaria aprieta tanto al Estado como al escaso bolsillo del preso, como era de esperar.

La necesidad de controlar el gasto en alimentación llega a niveles microscópicos. En un sistema que gestiona más de 50 millones de raciones anuales, Interior licitó un contrato de unos 154.500 euros, con una duración de dos años, para prestar asistencia técnica y controlar la calidad de los servicios de alimentación, incluidas las panaderías de los centros penitenciarios. El contrato contempla controles de calidad, seguridad alimentaria y auditorías. El pan forma parte de la producción de algunos centros, aunque no se puede afirmar que sea el alimento más barato en todos los casos ni que cualquier fallo en su elaboración obligue necesariamente a comprarlo en el mercado a un precio superior.

La lectura es más simple: la economía de una prisión es un ecosistema cerrado que replica, a su manera, las tensiones de la macroeconomía española. Con adjudicaciones públicas sujetas a presupuestos concretos y una inflación que puede erosionar el poder adquisitivo, el verdadero reto no es solo cocinar tres comidas al día. También consiste en mantener la calidad de los menús y hacer que los números sigan cuadrando. El tiempo nos dirá hasta cuándo.

Imagen | Matthew Ansley (vía Unsplash)

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