
En estas páginas he criticado mucho a los políticos y a los reguladores por ser los causantes principales del estallido de la crisis, ya que permitieron las condiciones que nos llevaron a una crisis acumularse y amontonarse. Nunca he dicho que el sector privado es perfecto, aunque se me han atribuído estas palabras muchas veces. Por otra parte, los intervencionistas en la economía también presentan una caricatura de lo que decimos sobre la libertad de la economía, culpando a los que creemos en el mercado privado de buscar el capitalismo desenfrenado y sin control. Los que toman esta línea suelen concluir con la necesidad de que nuestros políticos deben intervenir más en la economía, como si la manipulación de la economía por parte de los políticos resultaría en mejores economías. No tengo tanta fe en los políticos como tienen los intervencionistas y sólo hay que hablar con los que sufrieron la vida soviética más igualitaria para cuestionar el camino de dar cada vez más poder de actuación a nuestros políticos en las economías.
En estas páginas, he dicho desde siempre que el mercado necesita controles y regulación y que la fiesta económica y financiera que hemos vivido durante décadas necesitaba voces maduras y manos duras para controlar los excesos del sistema. Es decir que el problema de la crisis es que hemos visto demasiada poca regulación. Los políticos y los reguladores tienen un papel muy importante en las economías, que no es participar directamente en la economía productiva, como ya he hablado en estas páginas, pero si es establecer reglas de juego firmes, transparentes e igualitarias y, también, asegurar que estas se cumplen.



