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No quiero las páginas amarillas

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El pasado lunes llegó una amable distribuidora de Páginas Amarillas a mi domicilio, con los dos ejemplares (Páginas Amarillas y Páginas Blancas) correspondientes a este año. Yo miré instintivamente hacia la estantería, donde reposan los dos ejemplares del año anterior completamente inmaculados, dentro de sus plásticos. Y pensé "hala, otro par de kilos de papel para reciclar" (vivo en Madrid, donde las guías son verdaderos ladrillos). Con las de QDQ, tres cuartos de lo mismo. Y es que no uso los listines telefónicos desde hace muchísimos meses, al menos para su función original (sirven estupendamente como tope en algunas circunstancias).

Me parece un derroche. Tanto reciclaje, tanto paperless office, y luego a tirar los papeles. Por no hablar del trabajo derrochado por una serie de personas que producen, transportan y entregan inútilmente las guías. Trabajo hecho para nada, una actividad puramente antieconómica. Sé que mi perfil no es compartido por mucha gente: usuario intensivo del ordenador y de internet (donde puedo encontrar a demanda toda la información que me proporcionan los listines), usuario intensivo del móvil (creo que pocas veces llamo a un teléfono fijo). Pero seguro que no estoy sólo, y hay mucha más gente como yo a las que la recepción de los listines no les genera ni el más mínimo valor. Me pregunto si hay alguna opción para evitar recibirlos, aunque algo me hace sospechar que no.

Y es que a buen seguro que es más barato producir y distribuir los listines indiscriminadamente que poner en marcha un sistema para gestionar a los clientes uno a uno y hacer una distribución individualizada.. Y si no es más barato, al menos es mucho más sencillo. Aunque sea tirar el dinero.

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