La ganadería de vacuno en España —6,5 millones de cabezas repartidas en unos 110.000 establecimientos, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA)— mueve alrededor de 700.000 toneladas de carne al año y supone el 15 % del valor de la producción final ganadera del país. Detrás de esa magnitud agregada se oculta, sin embargo, una realidad microeconómica de márgenes tan exiguos que, en el caso de explotaciones como la de Jorge, la facturación por venta de terneros no alcanza siquiera a cubrir el coste del pienso durante los meses de estabulación.
El testimonio de Jorge, ganadero del Valle de Hecho, en el Pirineo aragonés, ilustra hasta qué punto la Política Agraria Común de la Unión Europea (PAC) puede resultar determinante para la viabilidad de determinadas explotaciones extensivas. De hecho, la última campaña arroja una señal inquietante: un 3,3 % menos de agricultores y ganaderos han solicitado estas ayudas, según los datos publicados por el Ministerio de Agricultura.
La cuenta que no cuadra
"Con 80 vacas puedes facturar hasta 35.000 euros al año en terneros", explica Jorge en una entrevista a Emprendedores Viajeros recogida por COPE. La cifra, que a cualquier urbano le parecería un negocio boyante, se desvanece en cuanto el ganadero desglosa los costes: ese dinero se destina íntegramente a alimentar al rebaño durante los meses que pasa estabulado. O lo que es lo mismo, la rentabilidad de su explotación es muy reducida, y las ayudas de la PAC —entre ellas, los pagos asociados a la ganadería previstos en el Plan Estratégico de la PAC (PEPAC) 2023-2027— resultan determinantes para que la explotación siga abierta. Sin embargo, el sector ha disfrutado de un respiro parcial gracias al incremento del precio de los terneros, impulsado, según el propio Jorge, por la demanda de los países del Magreb.
El salvavidas de Bruselas
Los números de la campaña 2026 de la PAC en España ponen negro sobre blanco la dimensión del sistema: un total de 563.095 agricultores y ganaderos han presentado la solicitud única, que gestiona 4.897 millones de euros en ayudas directas. Es decir, casi cinco mil millones destinados a más de medio millón de solicitantes para los que las ayudas comunitarias constituyen una parte relevante de los ingresos agrarios. Ahora bien, la caída del 3,3 % en el número de solicitantes no permite atribuir por sí sola el descenso a una abandonación progresiva de explotaciones, aunque sí refleja una reducción en el número de agricultores y ganaderos que han presentado la solicitud única respecto al año anterior. Un dato del Ministerio de Agricultura lo pone negro sobre blanco: España aporta el 8 % del censo bovino de la UE-27 y el 11 % de su producción de carne, pero una parte de sus ganaderos extensivos afronta una estructura de costes especialmente exigente.
El oso y el formulario
Jorge lo dice sin ambages: "La burocracia, ese es el mayor peligro que puede comer más que un oso". La carga administrativa que pesa sobre la ganadería extensiva está regulada, entre otras normas, por el Real Decreto 728/2007, de 13 de junio, que establece el Registro General de Movimientos de Ganado y regula las obligaciones de documentación y comunicación de los movimientos de animales. A esta presión interna se suma la amenaza externa del acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur, que contempla una liberalización progresiva de los intercambios y la eliminación gradual de determinados aranceles durante periodos que pueden llegar a los quince años. La preocupación de Jorge es compartida por el conjunto del sector: el ganadero orensano Pepe lo formulaba con crudeza —"solamente Brasil tiene más ganado de carne que toda Europa junta; es imposible competir"—, y las organizaciones agrarias han denunciado reiteradamente lo que consideran competencia desleal.
Un desbroce con pezuñas
Reducir la ganadería extensiva a su dimensión económica sería, sin embargo, incompleto. Jorge defiende con rotundidad el papel ambiental de su rebaño: las vacas, al pastar, limpian el monte de matorral y reducen el combustible vegetal que alimenta los incendios forestales. Es una reivindicación respaldada por la Fundación Global Nature, que ha documentado cómo el abandono rural y la pérdida de gestión de los pastizales favorecen la acumulación y continuidad de la vegetación, incrementando la vulnerabilidad frente a los incendios. La entidad coordina el proyecto RECONECTA —con apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO)— para recuperar la gestión de terrenos forestales abandonados mediante el pastoreo. Jorge lo expresa con mayor contundencia: "Esto no contamina, es lo que se ha hecho toda la vida, desde el Neolítico", una defensa de un modelo de manejo tradicional que él contrapone a las macrogranjas intensivas que concentran la contaminación ganadera.
Al borde del acantilado
El mercado de carne de vacuno en 2026, según el análisis de Plataforma Tierra (Grupo Cooperativo Cajamar), ofrece una foto contradictoria: la producción mundial se contrae un 1,1 % hasta las 61.563 miles de toneladas CWE y los precios alcanzan máximos históricos, mientras que las exportaciones españolas de vacuno vivo registraron en mayo una caída de prácticamente el 100 % interanual, hasta quedar reducidas a apenas 13 animales frente a los 3.250 del mismo mes de 2025. El valor de las exportaciones bovinas españolas —81.300 toneladas por un valor de 661 millones de euros en el primer cuatrimestre— sigue creciendo, aunque el comportamiento varía según los destinos y productos, y el mercado norteafricano no explica por sí solo ese crecimiento. Pero esos picos de precio, como advierte el propio Jorge, apenas filtran hasta el ganadero extensivo del Pirineo, inmerso en una estructura de costes que no perdona. La elección de quedarse en el Valle de Hecho, frente a la ciudad donde, dice, "me moriría", no es solo una cuestión de amor por el paisaje: es la apuesta última de un modo de vida que la PAC sostiene, la burocracia condiciona y el Mercosur amenaza con complicar aún más.
Imagen | Emprendedores Viajeros
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