El contrato tenía una fecha de inicio y un salario diario apuntados en la última página. Cincuenta euros al día, tres años y seis meses de antigüedad. Esos dos datos bastan para hacer el cálculo básico de la indemnización por despido, aunque las reglas concretas dependen del tipo de despido y de las circunstancias del contrato, según repasa El Español en una pieza de servicios del pasado 5 de septiembre. La regla se mide en días: 20 por año si el despido es objetivo, 33 si es improcedente. La antigüedad, ese número que se acumula en silencio en las nóminas, es el muelle que tensa toda la indemnización. Cuanto más tiempo de servicio, mayor será la cantidad que corresponda al trabajador.
El Estatuto de los Trabajadores tiene el cálculo repartido en dos preceptos. El artículo 53 sobre despido objetivo establece la indemnización de "veinte días por año de servicio, prorrateándose por meses los periodos de tiempo inferiores a un año y con un máximo de doce mensualidades", es decir, 360 días de salario como techo, y exige que la empresa ponga el dinero a disposición del trabajador "simultáneamente a la entrega de la comunicación escrita". El artículo 56 sobre despido improcedente, por su parte, fija "treinta y tres días de salario por año de servicio, prorrateándose por meses los periodos de tiempo inferiores a un año, hasta un máximo de veinticuatro mensualidades", es decir, 720 días. La diferencia entre ambos topes es el doble. La procedencia del despido determina qué régimen resulta aplicable, aunque cada modalidad de despido tiene sus propios requisitos legales.
El ejemplo de El Español es un trabajador con 50 euros diarios y 3,5 años de antigüedad. Si el despido es improcedente: 33 días × 3,5 años = 115,5 días indemnizables; a 50 euros/día, la indemnización son 5.775 euros. Si el despido es objetivo: 20 días × 3,5 años = 70 días indemnizables; a 50 euros/día, 3.500 euros. La diferencia entre una cifra y otra son 2.275 euros, más de un mes de salario del propio trabajador. La cantidad que finalmente corresponda dependerá del tipo de despido y de que se cumplan los requisitos establecidos por la legislación. Si alguna vez está en esa mesa firmando un finiquito, conviene revisar qué modalidad de despido figura en la documentación y cómo se ha calculado la indemnización.
El artículo 56 introduce un matiz que el título de la pieza original subraya: "prorrateándose por meses los periodos de tiempo inferiores a un año". Es decir, los meses que sobran de un año incompleto se cuentan: 6 meses cuentan como 0,5 años a efectos del cálculo. Y para alcanzar el tope de 24 mensualidades en improcedente hace falta una antigüedad de aproximadamente 21,8 años, 720 días divididos entre 33 días por año; para el tope de 12 mensualidades en objetivo, 18 años, 360 días divididos entre 20 días por año. La antigüedad, por tanto, no es solo un dato que se acumula en la cabecera de la nómina: influye directamente en la indemnización. Una persona con dos años en la empresa y despido objetivo se lleva 40 días de salario; con dieciocho años, 360, siempre que resulten aplicables esas reglas y el salario utilizado para el cálculo sea el mismo.
La letra pequeña que descose el cálculo
Aquí aflora la diferencia entre la indemnización inicialmente calculada y la que puede corresponder después de una impugnación. La empresa puede poner la indemnización sobre la mesa el día del cese, como exige el artículo 53.1.b, pero si el trabajador recurre y el juez declara el despido improcedente, las consecuencias dependerán de la opción que corresponda. En particular, si se opta por la readmisión, pueden entrar en juego los salarios de tramitación, correspondientes a los salarios dejados de percibir desde el despido hasta la notificación de la sentencia. Como recordaba El Blog Salmón al hilo del delineante despedido por la IA y cuyo despido fue declarado improcedente, la justicia ha comenzado a pronunciarse sobre despidos relacionados con la utilización de nuevas tecnologías. También recoge el caso italiano de una mujer despedida mientras cuidaba a su madre con alzhéimer, un caso sometido a la legislación italiana. El contrato seguía teniendo una fecha de inicio y un salario. Lo que puede cambiar es la cuantía que finalmente corresponda tras aplicar las reglas legales al caso concreto.
Imagen | Kateryna Babaieva (vía Pexels)
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