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Reforma laboral, ¿esto es todo?

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Ya tenemos acuerdo para la reforma laboral en España. De la mano del ministro Caldera, los agentes sociales (sindicatos por un lado, y patronales por otro) han culminado el proceso negociador para definir las bases del mercado laboral en los próximos años.

Lo que está claro es que este acuerdo tiene un objetivo bien definido: luchar contra la temporalidad en la contratación. Para ello se establecen numerosas medidas (facilidades para la transformación de contratos temporales en fijos, limitación para el encadenamiento de contratos temporales, bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social para contrataciones indefinidas, mayor facilidad de despido para los contratos reconvertidos en indefinidos...). ¿Logrará esto luchar contra la precariedad laboral? No lo sé, posiblemente. Pero ¿no será un cambio más estético y superficial que otra cosa? Yo creo que el mercado laboral requiere de reformas mucho más profundas y estructurales. Evidentemente, la temporalidad es un problema (sobre todo para el que la sufre), pero creo que las tendencias en el mundo del trabajo ya no van por el empleo "indefinido", y promoverlo artificialmente (con bonificaciones y demás) no ayudará demasiado a la competitividad de nuestro país. Lo que los nuevos tiempos requieren es flexibilidad: para cambiar de empresa (o de trabajador, en su caso) cuando la relación laboral ya no es satisfactoria, para ser capaces de cambiar de negocio o sector, para ser capaces de mejorar la propia formación y adquirir las habilidades y conocimientos que el progreso depara, para ser capaces de moverse físicamente hacia donde está el trabajo (y no esperar a que alguien nos traiga el trabajo a casa), para coordinar mejor las exigencias del trabajo y de nuestra vida personal, para...

En ese sentido, creo que no es una buena reforma laboral. Además, como trabajador (no sé si los empresarios tendrán la misma perspectiva de la CEOE o de CEPYME) no me siento identificado con los sindicatos. No siento que defiendan mis intereses, creo que en realidad defienden los suyos propios y los de sus afiliados, como mucho. Así pues, veo como unas personas que no me representan deciden en mi nombre cómo se debe desarrollar actividad laboral, qué quieren favorecer y qué no.

En fin, sé que es lo que hay, y que este es el sistema de negociación colectiva que tenemos. Pero a mí no me convence ni el sistema ni sus resultados.

Eso sí, hay que agradecer que en esta ocasión el acuerdo haya llegado sin demasiados aspavientos, sin declaraciones grandilocuentes en la prensa y sin demasiadas demostraciones estériles de fuerza. Un acuerdo discreto y consensuado. Cosas del talante, supongo.

Vía | El Mundo

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