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Ser un español por el mundo no es tan bonito

Ser un español por el mundo no es tan bonito
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Últimamente se ve la palabra emigrar en la boca de mucha gente, además uno ve españoles por el mundo y parece que si se abandona España nos vamos a ir a un paraíso tropical con playa donde vamos a vivir en una mansión y de paso aprendemos inglés, pues no. Ser expatriado no es tan bonito como lo pintan.

Esto vienen a que la serie sobre la juventud organizada por El País y un artículo en El Confidencial dan a entender que irse fuera de España es algo estupendo. Lo he mencionado de pasada en algún lugar, pero emigrar fuera no es tan fácil. Para empezar está el inglés, que resulta imprescindible. Se va a trabajar hablando inglés y a ser posible el idioma local, no a aprender inglés fuera. Es muy probable que tu jefe y compañeros no hablen español (tal vez no les hicieras falta si tal fuera el caso) y no van a poder trabajar contigo si no eres capaz de comunicarte eficientemente con ellos.

Aparte hay que hacerse a la idea de que muchas personas que se van acaban volviendo porque no soportan la cultura, la falta de sol o la soledad, que no todo es el saldo de la cuanta corriente a principios de mes. Conozco a varias personas que se han vuelto porque han acabado odiando ciudades que la gente ve fantástica cuando visita. Además, tengamos en cuenta que la experiencia habitual de la gente en el extranjero suele ser un mes de “aprender inglés” en Irlanda o un año de erasmus en Polonia.

Ir a trabajar es una experiencia bastante distinta a ir a estudiar, especialmente porque al ir a trabajar fuera no significa estar de fiesta todas las noches y unas pocas horas de clase. En una universidad hay una “actividad social” con clubes deportivos, asociaciones, apoyo al estudiante y otros factores que no hay en una empresa privada, especialmente una pequeña.

Un comportamiento curioso es que en el extranjero se tiende a aceptar trabajos que no he visto que se acepten aquí tan fácilmente. He visto a titulados aceptar sueldos más bajos que mileuristas por estar en una “cool” o hacer trabajos (por ejemplo de camarero) que aquí no aceptarían porque “no es de lo suyo” porque así aprenden el idioma. No sé si el salir de casa espabila a la gente o al estar fuera no hace falta “mantener la honra”, pero el comportamiento de la gente cambia bastante.

Si hay pareja ¿merece la pena la compensación de sueldo y de pérdida de la carrera profesional de la otra persona? Porque en ocasiones la otra persona tal vez no podrá trabajar en el país de destino. Ya no digamos si mueven a la progenie de país. Seguramente lo acepten si tienen menos de cinco años, pero a partir de los diez es complicado.

Hay quien puede pensar que irse a los países emergentes es una buena idea, no voy a negar que ofrezcan muchas oportunidades. Pero vamos a tenernos que hacer valer como un trabajador más, los tiempos de alquilar a occidentales para darle caché a la empresa se van pasando.

Con esto no quiero echar por tierra los sueños de quien quiera irse fuera, pero simplemente hay que tener en cuenta que emigrar no es tan fácil como ala mayoría piensa. Pueden preguntarle a personas que hayan estado fuera y hayan vuelto porque no les gustó. También reconozco que una estancia fuera puede ser bien valorada en el currículum, que puede aportar mucho profesional y personalmente, etc. Pero creo que hacía falta que en esta marea de optimismo alguien mencionara la otra cara de la moneda.

En El Blog Salmón | España = Georgia + Florida
Vía | El País, El Confidencial
Imagen | Antonio Zugaldia, Flickr

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