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Nuevos semáforos: innovación en la calle

Nuevos semáforos: innovación en la calle
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A veces pensamos en la innovación como una cosa muy difícil y muy ajena, propia de señores con bata blanca en laboratorios de tecnología punta. Sin embargo, la innovación está en todas partes.

Recientemente, en mi ciudad (y supongo que en muchas otras), se está procediendo al cambio (gradual) de semáforos. Los tradicionales, compuestos de una bombilla tras un cristal coloreado (verde, ámbar o rojo), están siendo sustituidos por un nuevo modelo que incluye multitud de diminutas lámparas de colores que, en conjunto y a modo de píxeles, generan un efecto similar al que antes se tenía. Este sistema se está implantando también en las luminarias de algunos modelos de coche. Desconozco el coste de cada uno de estos nuevos semáforos. Posiblemente sean más caros que los anteriores (que, de puro simples, no podían ser demasiado caros). También desconozco el consumo de los mismos, aunque no es difícil suponer que tengan, en conjunto, un consumo menor teniendo en cuenta los avances en términos de eficiencia en el sector de la iluminación.

De lo que estoy seguro es de que el coste de mantenimiento se ha desplomado. Antes, cualquier incidencia (se funde la bombilla, por ejemplo) suponía la inutilización total del semáforo, con el riesgo para la circulación que eso supone, y la movilización también inmediata de un equipo de operarios que tenía que desplazarse y proceder a su reparación.

El nuevo modelo, al estar compuesto por múltiples lámparas, evita ese riesgo. Se puede fundir una, o dos, o más. Pero el semáforo seguirá siendo totalmente funcional, y no requerirá de la acción inmediata y reactiva del equipo de mantenimiento, que podrá planificarse mejor y realizar un mantenimiento preventivo mucho más eficiente.

Y luego está el aspecto "folclórico" de los nuevos semáforos: la pixelización permite crear nuevos efectos, como la animación del muñeco verde que anda para indicar el paso a peatones, y que corre para indicar que está a punto de ponerse rojo. O los indicadores numéricos que indican cuántos segundos quedan para que se cierre el paso a los peatones.

En fin, el proceso de innovación desarrollándose en nuestras narices.

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