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Jano

La estanflación es un concepto económico que, tras años de olvido, volvió a la actualidad a comienzos de la presente crisis, o mejor dicho, en el prólogo de la misma. Un concepto que parecía haber quedado atrás pero que ha vuelto con toda su crudeza, y que complica sobremanera la gestión económica de los sectores público y privado. ¿En qué consiste la tan temida estanflación?

Tradicionalmente, y especialmente después del aparente triunfo de las Teorias Keynesianas tras la Gran Depresión, se aceptaba que la Economía de un país podía sufrir dos grandes malos. Por un lado la recesión, la depresión, las tasas de crecimiento negativo, alto indice de desempleo. Por otro la inflación, la espiral ascendente e ilimitada de los precios, con lo que suponía de empobrecimiento real de amplias capas sociales y la dificultad en la correcta asignación de recursos en los procesos empresariales. Estas dos enfermedades se entendían incompatibles. No podían coexistir dentro del modelo económico admitido. Y las soluciones parecían claras, tanto desde el punto de vista de la política monetaria como de la fiscal. Para la inflación, subida de tipos de interés y mayor presión fiscal y/o reducción del gasto público. Para la recesión justo lo contrario. Parecía fácil y sencillo. Hasta que todo este andamiaje se demostró inconsistente poco antes de que estallase la crisis del petroleo.

A partir de la Segunda Mitad de los años 60, se comenzó a percibir que un nuevo fenómeno se adueñaba de la Economía. Simultáneamente coincidían bajas tasas de crecimiento, o incluso negativas, con una fuerte inflación. McLeod, ministro de Economía del Reino Unido lo bautizó como estanflación y Milton Friedman fue uno de los pocos economistas que advirtió que las soluciones clásicas estaban condenadas al fracaso. Si se recurría a políticas de contracción de la oferta monetaria y a la reducción del gasto público, el aspecto de desempleo y recesión se agudizaba, con la consecuente presión social. Si, por el contrario, se apostaba por una política de incremento del gasto público y por unos tipos bajos, la inflación se disparaba profundizando en la estanflación y elevando el número de parados futuros. Como el dios Jano, un ser de dos caras, a cada cual más preocupante.

¿Cuáles son entonces las mejores medidas?, ¿qué hacer para solucionar el problema? En la práctica, y prescindiendo de apriorismos ideológicos, las recomendaciones más acertadas han resultado ser las que, en vez de centrarse en la Demanda, tal y como hacían las Políticas Fiscales y Monetarias, se orientaban hacia la Oferta. Cito en este punto un editorial de Cinco Dias:

Flexibilidad laboral; fiscalidad empresarial incentivadora de la inversión; regulación con plenas garantías de protección al inversor; agilidad de la justicia; oferta energética abundante, diversificada y segura para que sea barata; distribución comercial menos rígida y administrativamente menos intervenida; plenas garantías de defensa de la competencia; suelo edificable libre, sin más reserva que la protección del medio ambiente, y de tramitación ágil; educación y formación a todos los niveles más ligada al esfuerzo y al aparato productivo…

Muchas de estas medidas suponen sacrificios, otras atacan directamente a monopolios de determinadas sectores, y en general son mucho menos efectistas que los llamados planes de choque que nos venden en los Telediarios. Pero a la larga mucho más efectivas. Claro que, llegado este punto, y teniendo en cuenta las dudas que podemos tener sobre el tratamiento a aplicar al enfermo económico, muchos se estarán preguntando cuales son las causas de la estanflación. Y hacen bien.

Si las soluciones son discutidas, se debe, en parte por los costes sociales que implican, y en parte debido a que no suele haber opiniones unánimes sobre los factores desencadenantes. Sin embargo, algunos señalan como padres del problema a una crisis de la oferta (elevación precios petroleo) combinada con malas decisiones en política económica (reducción tipos de interés, fuerte expansión presupuesto público, especialmente lastrado por la Guerra de Vietnam).

Es inquietante ver las semejanzas con lo ocurrido recientemente: una fuerte reducción de tipos encaminada a sacar a la Economía del marasmo de la burbuja de las startups de internet, combinada con un fortísimo déficit fiscal USA, por sus gastos militares en Oriente Medio. Todo esto coincide, sorpresiva o no tan sorpresivamente con la explosión de precios, ya no del petroleo, si no de gran parte de las materias primas, con lo que la globalización, que era un factor antiinflacionario acaba invirtiendo su papel. Si ésto es así, la aplicación de las políticas antes citadas, junto con la ortodoxia en materia financiera y fiscal, derrotaran al fantasma de la estanflación (claro que, para empeorar las cosas aún nos queda la crisis financiera).

Pero hay quien va más allá, como algunos defensores de la Escuela Austriaca, que acaban defendiendo que todos estos problemas económicos no son más que la manifestación del tremendo error que supuso el abandono del patrón oro en la oferta monetaria, y su sustitución por un sistema de reserva fraccionaria. Un sistema que deja en manos de los políticos algo tan vital como la oferta monetaria, y que lleva implicitas sus propias semillas de autodestrucción Pero esa es otra historia.

Más información|El Confidencial, Capital Madrid
En El Blog Salmón|Estanflación, inflación y crisis, Stop Trichet, Regreso al futuro, Estanflación para la economía de Bush

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