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Donald

Debemos olvidarnos de James Bond. Tampoco Jason Bourne nos vale. El verdadero agente secreto del capitalismo plutocratico, del imperialismo norteamericano, responde a las siglas de DD en inglés, o de PD en castellano: el Pato Donald. O a esa conclusión llega uno después de partirse de risa este verano con Para leer al Pato Donald, de Dorfman y Mattelart, publicado en 1971 en Chile.

De verdad que leerlo supone retroceder en el tiempo a épocas anteriores a la caída del Muro de Berlín. Creo que buena parte de sus afirmaciones no podrían ser asumidas hoy ni siquiera por los movimientos más izquierdistas de nuestras sociedades. Para los que idealizan el Chile de Salvador Allende les vendrá bien. También para aquellos que dudan acerca de como la Iglesia Católica ha amamantado y financiado movimientos antiliberales desde la noche de los tiempos, encontrando en el marxismo la mejor de las alianzas. Basta con ver la biografía de Mattelart.

Un aviso antes de empezar. No me gusta Disney. No me gustan sus clásicos, ni los cuentos adaptados ni sus nuevas series y canales de televisión para niños. Me resultan mediocres los guiones. Eso me pasa ahora y me pasaba de niño, por tanto no soy un defensor del universo Disney. No me encuentro vinculado al mismo.

Pero es que además, también creo, como sostiene el libro, que la obra de Disney traslada valores, visiones, idearios, propios de una sociedad, la de los Estados Unidos de la época. Pero, ¿cómo iba a ser de otra manera?, ¿acaso pretendían que el Pato Donald defendiese el colectivismo o la abolición del derecho de propiedad?

Mientras su cara risueña deambule inocentemente por las calles de nuestro país, mientras Donald sea poder y representación colectiva, el imperialismo y la burguesía podrán dormir tranquilos.

La idea central del libro, usando análisis marxistas y freudianos, es que Mickey, Donald y el resto de personajes de Disney forman parte de un plan de adoctrinamiento infantil a nivel global, una suerte de conspiración de la CIA, la NSA y demás entes malignos. Ergo, en la sociedad que propugnan los autores del libro, hay que desenmascararlo y acabar con ellos. Así de sencillo.

Resulta que no conozco un sólo ejemplo de literatura infantil en el que no se trate de trasladar al niño alguna enseñanza, en el que no se vislumbre una determinada visión del mundo. Lo de Donald es una broma al ladosde los textos infantiles que usaban sus coetáneos castristas. Pero no nos engañemos, otro tanto pasa con los manuales empleados por la Iglesia Católica en las aulas españolas o con los catecismos de Educación para la Ciudadania.

¿Cuál es la diferencia? Que Disney es voluntario, optativo, mientras que el resto de ejemplos citados son mantras implantados a golpe de ley o de algo peor. Disney es una opción de los padres y/o de los niños, no del comisario político de turno, ni del Obispo, ni del Ministerio.

Me sorprende que los autores acusen a la literatura infantil de sustituir la función educativa de los padres. me sorprende que esta critica provenga de los mismos movimientos que, en ese momento, y todavía hoy, niegan precisamente a los padres esa labor, en beneficio de la Sociedad, el Estado, o la Iglesia. Uno tiene la sensación de que los fastidia realmente es la competencia, y para ello recurren a acusaciones simplonas, como si Walt Disney hubiese inventado las fábulas para dominar el mundo a través de las mentes de los pequeños.

El libro tiene grandes momentos como cuando critica la rigidez jerárquica, el mundo burocrático en el que viven los personajes de los cuentos. Con lo que ya sabemos de la experiencia del socialismo real la cosa tiene bemoles, casi tantos como cuando acusan a Donald de capitalista por su afán conservacionista, por su voluntad de no forzar la naturaleza (claro que por aquel entonces el socialismo real no había visto el filón de la manipulación ecologista). El tiempo pone a cada uno en su sitio

Respecto a las criticas de racismo creo que dan para un debate semejante al que origino Tintin, pero a mi me divierte mucho más como se mosquean por el trato que da Disney a los guerrilleros: los banaliza, los pasa por las armas, sostienen Dorfman y Mattelart. Parece que no soportan el ingenio, la burla, y lo equiparan con la violencia física, notándoseles ciertamente fastidiados. En esencia, reconozco que debe resultar muy molesto este capitalismo fagocitador, que es capz de hacer dinero incluso con sus propios enemigos.

Para los autores robar y comerciar es lo mismos. Aplican a machamartillo la teoría de la plusvalía marxista, se ofenden debido a que no ven el papel de los productores, de los trabajadores, de los proletarios en las historietas, pero no se que esperan si en las que ellos han leído de Marx el papel de los empresarios tampoco se ve. ¿Dónde esta la innovación, el riesgo? Puestos a criticar simplezas no se porque no lo hacen con el Tío Marx antes de ponerse a criticar al oro por ser un fetiche que esconde la plusvalía del trabajador, u ofenderse al calificar como delincuente a quien vulnere la propiedad privada.

Por cierto, que les molesta sobremanera que para conseguir los tesoros, el oro, haya que sufrir. Igual se debe a a que los oprimidos patos no conocen los beneficios de la planificación centralizada y de producir por producir, de la ausencia del papel del empresario. Estos patos están alienados.

Alguno pensará que me estoy excediendo, que el libro no puede ser así. Le recomiendo su lectura para que vea que me quede corto. Como aperitivo os dejo unos cuantos fragmentos impagables. El primero versa sobre verdades como puños:

Es la fachada de democratismo, que al permitir que aparezcan en sus publicaciones estos problemas que ellos mismos han definido como “sociales” encubren la verdadera censura que efectúan. La que impide que emerjan los elementos susceptibles de desenmascarar las bases de esta falsa libertad de opinión y pensamiento. (Guerra de Vietnam, invasión de Cuba, triunfos en las repúblicas socialistas, protesta ético-sexual hippy, arte contemporáneo).

Por otro lado, todo el libro esta trufado de una visión de la sexualidad un tanto acomplejada, excesivamente genital y centrada en el coito y la reproducción (algo lógico dadas las coincidencias marxistas y católicas en el tema). Esto, por ejemplo, hará las delicias de muchas..

Por lo tanto, lo que se ha sustituido de hecho, es la paternidad del objeto, la posibilidad de ligarlo con una energía creadora. Aquí hay que volver a esa interesante estructura en que el padre del niño se ausentaba. La simetría entre la falta de producción biológica directa y falta de producción económica; no puede ser casual y debe entenderse como una estructura paralela única que obedece a la eliminación de este mundo del proletariado, el verdadero generador de los objetos o, en palabras de Gramsci, el elemento viril de la historia, la lucha de clases y el antagonismo de intereses.
Tal es así, que las primeras novelas españolas de aventuras se llaman “los trabajos”, como si entre el protagonista y la riqueza fuera necesario un proceso de almacenamiento de vicisitudes negativas que simbolizaran el trabajo sin serlo, que aprovechara del esfuerzo sólo aquella pasividad, el consumo, y no su fuerza creadora, viril, productiva.

Lo dicho, es un gustazo leer algo así. Te alegra el día, aunque no estaría mal que alguien sacase un Para leer a Dorfman y Matttelart.

Más información | Para leer al Pato Donald

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