
El fenómeno de la burbuja económica no es un concepto nuevo. En la actualidad vivimos bajo la resaca provocada por una burbuja inmobiliaria que enriqueció a unas cuántas personas y que ha empobrecido a decenas de miles, tal vez millones. Y es que el ser humano no aprende de los errores pasados y cuando el dinero fácil fruto de la especulación se le pone a tiro, salta sobre él como un animal a por su presa.
A lo largo de la historia hemos vivido varias burbujas, siendo las más conocidas las de la tulipomanía (especulación con los tulipanes holandeses en el siglo XVII), la burbuja de los mares del Sur de 1720, el crack de 1929, la burbuja financiera e inmobiliaria en Japón de los años 80, la crisis financiera asiática de 1997 y la burbuja de las puntocom.
Las burbujas económicas tienen un ciclo de vida, y el prestigioso economista estadounidense Hyman Minsky, del que ya hemos hablado en El Blog Salmón, lo analizó con gran exactitud. El hecho de que muriese en 1996, mucho antes de que comenzara la burbuja inmobiliaria que aún a día de hoy nos asfixia, hace que su obra merezca aún mayor admiración. Minsky predijo la evolución de la vida de una burbuja en siete etapas:
El crédito barato es el billete de entrada para los agentes externos. Por ejemplo, los precios de la gasolina han aumentado fuertemente en los últimos años. Sin embargo, los bancos no están concediendo préstamos para que la gente almacene gasolina en sus garajes esperando que el precio se doble en tres meses. Pero los bancos sí que han dado préstamos a gente de poca solvencia para comprar casas con la idea de que se pueden vender enseguida.
El aumento del crédito fácil está muchas veces asociado a la innovación financiera. Frecuentemente, se desarrolla un nuevo tipo de instrumento financiero que infravalora los riesgos. De hecho, el crédito fácil y la innovación financiera son un cóctel peligroso. La Burbuja de los Mares del Sur comenzó con una novedosa figura llamada “sociedad anónima de responsabilidad limitada”. En 1929, los precios fueron catapultados a la estratosfera con la ayuda de los “margin calls”. Los precios de las casas ahora se han acelerado en forma de hipotecas “sólo interés”, creadas para financiar compras de inmuebles sobrevalorados.
Por supuesto, el argumento del “nuevo mundo” es cierto; el mundo es diferente cada día, pero eso no significa que los precios tengan que descontrolarse. Los charlatanes ganan y el optimismo injustificado se impone. En este punto, los charlatanes adornan su optimismo con la más cruel de las mentiras: cuando los precios toquen máximos, habrá un “suave aterrizaje”. La idea de una apacible desaceleración de los precios calma los nervios. Los forasteros se quedan atrapados en la negación de la evidencia. Saben que los precios no pueden subir eternamente, pero rara vez actúan según ese principio. Todo es seguro, porque piensan marcharse justo antes de que la burbuja explote. Aquellos que no han entrado al mercado se enfrentan a un terrible dilema: no pueden entrar, pero tampoco pueden quedarse fuera. Saben que perdieron el tren al principio de la burbuja. Son bombardeados cada día con historias de gente que se hizo rica en dos días y amigos con grandes ganancias. Los fuertes se quedan fuera y asumen la oportunidad perdida. Los débiles compran y se tiran a los pies de los caballos.
En El Blog Salmón | Economistas notables: Hyman Minsky, ¿Hay una burbuja puntocom 2.0?, Por qué la burbuja inmobiliaria está en el corazón de la crisis española
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