¿Crea pobreza la caridad?
Tyler Owen es una de las estrellas de la blogosfera económica y su Marginal Revolution un ejemplo de que es compatible ser un buen blogger y un buen académico. Su popularidad fue lo que le debió llevar a escribir el libro “Descubre el Economista que llevas dentro” y sumarse a la retahíla de obras que popularizan la economía. Esta moda la inició el best-seller Freaknomics, un excelente aunque irregular libro. Irregular porque el interés variaba mucho de un capitulo a otro y excelente porque abría un campo interesantísimo: la economía como ciencia de incentivos. Tyler Owen dedica a los incentivos todo su libro aunque no llega al nivel de Freakonomics. Pero recoge un par de ideas interesantes.
Una de ellas son los perversos incentivos que provoca la caridad. Pone el ejemplo de la India. En ese país la mendicidad es una de las actividades más rentables. Muchas personas ganan más pidiendo limosna en la calle que muchos de los empleos del país. Esto provoca que se produzca una fuerte competencia por las zonas donde más recaudación se obtiene lo que provoca el pago para obtener la exclusividad de una calle o esquina. Una consecuencia aún más grotesca es que muchas personas se amputan brazos o piernas para así lograr más dinero de las limosnas.
Cuando estuve en la India pude comprobar las extremas diferencias de riqueza existente. De una ciudad a otra las diferencias son abismales. Había ciudades con una cantidad de pobres inmensa que vivían en la calle y perseguían a los turistas para lograr limosnas. En otras no existía ningún tipo de mendicidad y sí vehículos de lujo, tiendas de electrónica y cuidadas viviendas. La ciudad con más pobres fue Agra, la residencia del Taj Majal y la que más turistas acoge. Cuanto menos turística fuera la ciudad, menos pobres había.
¿Crea pobreza la caridad? No lo sé, pero al menos tanto Tyler Owen como Yunus defienden que no ayuda a erradicarla al no solucionar sus causas. Y sí puede ser un lastre al desviar recursos e incentivar actuaciones que no ayudan a solucionar el problema de la riqueza. Además del riesgo de crear una industria (ONG, agencias de desarrollo gubernamentales,...) que precisa de la pobreza para que subsistan sus intereses económicos.
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Yo creo que la caridad es buena si está integrada en un proceso más amplio que dote de oportunidades.
Sobre el efecto negativo de la caridad de una ONG en África escribí un post hace unas semanas (link)
Me apunto el libro por que vuestra última recomendación (El Economista Camuflado") me enganchó muchísimo. Un saludo.
Te van a caer las más grandes críticas…
Me encantan los dos libros de los que habéis hablado, Freakconomics y el Economista Camuflado. Incluso aprecio mucho el segundo de Harford "La lógica oculta de la vida" pero no es la única economía posible. Divulgan (y especialmente bien este último) la elección racional como método de análisis de la realidad económica en sentido amplio. Pero no es el único enfoque posible ni en más adecuado para diferentes fenómenos. Muchas veces la satisfacción y los incentivos están tomados con pinzas "ad-hoc" para que cuadren con los datos, poniendo la hipótesis después de la medición. A veces se incurre en algo parecido a la falacia de la correlación.
La caridad, de acuerdo… pero y ¿el paro? Hace poco un familiar decidía no aceptar un trabajo que le ofrecían porque el paro le pagaba más. A lo que me pregunto si el paro ayuda o, como la mendicidad, hace a la gente no intentar trabajar.
A mí me hierve la sangre cuando viene la típica jovenzuela de veintipocos años pidiendo una limosna, ¡como si a mí me cayera el dinero del cielo!
Está claro que para muchos es más cómodo estar sin hacer nada sentado a la puerta de una iglesia que levantarse todos los días a las 6 de la mañana para ir a currar.
Es una buena pregunta, y además con una respuesta no demasiado fácil.
A mí me viene a la cabeza ciertas comunidades autónomas que tradicionalmente piden "caridad" via fondo de compensación interterritorial, y continúan teniendo el PIB al 50% de la media estatal después de años y años de "caridad" pública.
Y encima se escandalizan cuando se les recuerda este extremo.