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En el precio final de cualquier producto hay una serie de variables sobre las que se puede actuar: Costes de material, costes de medios de producción, costes de mano de obra, gastos de logística, beneficio empresarial e impuestos. Partiendo del cuestionable supuesto de que para ser más competitivos hay que reducir el precio de los productos, se observa que hay varios posibles frentes de actuación, pero curiosamente uno de ellos, el beneficio empresarial, no está entre las primeras opciones, veamos porque.

El beneficio empresarial suele considerarse como una consecuencia y no como un factor determinante del precio, se justifica esta consideración en que se define como la diferencia entre lo que cuesta producir (gastos) y el precio final (ingresos), como si el precio final viniese impuesto desde el exterior. No son pocas empresas las que fijan sus objetivos anuales en aumentar los beneficios con respecto al año anterior, otras se conforman con aumentar la facturación, y muchas (sobre todo las más pequeñas) se dan con un canto en los dientes si no entran en pérdidas.

La realidad es que, las medidas promovidas por este gobierno y el anterior, van en la dirección de mantener o aumentar esos beneficios a costa del resto de variables, pero sobre todo de una, la de los costes de mano de obra. Ya hemos hablado aquí en varias ocasiones de que reducir salarios no es la mejor forma de volverse competitivos. La reducción de salarios desmotiva, por lo que raramente conseguirá hacer más productivo al trabajador, y si lo consigue es gracias al miedo.

Se podrían proponer otras medidas que, aún actuando en la misma línea (la de no perjudicar los beneficios empresariales) no fuesen lesivas con los intereses de los trabajadores. Una exención fiscal cuando los beneficios no llegasen a cierto nivel en proporción a la plantilla, podría ser una forma, algunos dirán que abriría las puertas a muchos fraudes; pero las medidas actuales también lo hacen y encima perjudican al trabajador.

Se podría exigir una reinversión de los beneficios en mejoras en los métodos o las condiciones de trabajo, penalizando la reinversión de beneficios en activos financieros o especulación.

Lo que está claro es que las empresas, y sus directivos, no están por la labor de reducir sus emolumentos recortando margen de beneficios, les resulta más lucrativo recortar salarios que les permitan mantener o mejorar su estatus personal, es más fácil que pelearse con proveedores por conseguir mejores precios de materias primas, y más sencillo que optimizar la logística.

Los beneficios empresariales son una parte muy importante del precio de algunos productos, pensemos que si un producto lo ofrecen con un 50% de descuento y te dicen que con ese descuento ellos no ganan nada (te lo venden por lo que cuesta) eso quiere decir que sin el descuento el beneficio era de un 100% (calculado sobre el coste, antes de impuestos) No todos los sectores trabajan con esos márgenes de beneficio, pero sí algunos de los que “se han visto obligados” a hacer EREs.

En El Blog Salmón | ¿Y si subieran los salarios?
Imagen | Fran Carreira

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