
Hace unos días saltó el rumor de la preparación de un Plan de Regularización Fiscal para intentar aflorar el dinero negro, ese dinero que se presupone en paraisos fiscales, aquel que se quiere inyectar en el circuito fiscal mediante algún instrumento similar al que impulsaron los gobiernos de González mediante la venta de pagarés del tesoro sin retención; una amnistia fiscal en toda regla.
El mismo día que saltaba la novedad a la palestra (El Mundo versión de pago), la propia ministra Salgado lo desmintió aunque siempre queda ese poso de globo sonda y de concienciación a la población de la necesidad que existe de aflorar la cantidad de dinero negro existente dentro del circuito económico. No obstante, hay muchas voces que se alzan a favor de una amnistia fiscal como vehículo para mejorar las cuentas públicas y la recaudación del Estado. Este paso no debe llevarse a cabo nunca.








Ya sabemos que