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Imágenes de un futuro socialista, de Eugene Richter

Imágenes de un futuro socialista, de Eugene Richter
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Mucho antes que 1984 de Orwell, o que Himno de Rand o que Nosotros de Zamiatin, hubo quien se atrevió a vislumbrar lo que ocurriría en un futuro en una sociedad regida por el socialismo. Eugene Richter, político liberal alemán, escribió en 1891, sí, en 1891, Imágenes de un futuro socialista, donde recrea, a modo de diario de un trabajador alemán afín a las ideas socialdemócratas el futuro de una República Popular Alemana regida por el socialismo.

Atención, que las fechas son importantes. Mucho antes de la I Guerra Mundial, de la Revolución Soviética, antes de la instauración del primer Estado socialista en el mundo, hay que reconocer a Richter que clava mucho de lo que habría de venir después. Algunos pensarán que demasiado, sólo con deducciones a partir del material de los teóricos socialistas y con La Comuna parisina como único precedente inmediato. En mi opinión hay mucho de sentido común, de pura lógica, pero tampoco debemos olvidar que el colectivismo, más allá del socialismo, tiene una larga vida, de hecho es abrumadoramente mayoritario en la linea temporal de la Historia de la Humanidad. Aquellos que defienden la libertad, aquellos que propugnan la misma como un derecho irrenunciable del ser humano son, somos, apenas una gota en el océano del tiempo.

Yendo a lo concreto, y teniendo en cuenta que estamos en un blog económico, hay aspectos que arrancarán nuestra sonrisa, especialmente cómo evolucionan las consecuencias que acarrean las políticas socialistas en el marco económico de esa nueva Alemania. Qué cercanos nos resultan esos políticos que son incapaces de predecir, y especialmente de asumir, que sus actos, que su intervención en las relaciones humanas va a acabar destruyendo la sociedad que dicen defender. A título de ejemplo os expongo pasajes concretos que me han interesado especialmente:

  • El afán de los totalitarios, ya sea de uno o de otro signo por eliminar estatuas, placas y reescribir el callejero y el calendario. Eso es algo que no es nuevo, pero Richter ya intuyó que no se trataba tan solo de eliminar a figuras políticas, y que iba a acabar afectando a cualquiera que se opusiese, aunque sea tangencialmente, al nuevo catecismo, como el pobre Humboldt.
  • Richter tiene claro que el socialismo triunfa en toda Europa menos en Suiza y el Reino Unido. Sinceramente, con los ojos de alguien del siglo XIX no se me ocurriría otra manera de describir lo que es la Unión Europea, la madre de todas las burocracias. Eso si, pecaba de excesivamente optimista con el Reino Unido y también con EEUU, al que contempla, ya en 1891, como faro de las libertades y destino de los exiliados de las utopías socialistas.
  • Y hablando de exiliados, el propio protagonista de la obra, que es partidario inicialmente de que los desafectos se vayan, siempre y cuando dejen sus bienes a la Revolución, luego acepta la postura gubernamental de cerrar las fronteras y de evitar que los inconscientes huyan de se nuevo paraíso terrenal, todo ello con con la ayuda de una policía y de un ejército más volcado en labores internas que en la defensa exterior.
  • No puedo evitar pensar en China, y en la asignación de las personas a la tierra, a la imposibilidad de trasladarse del campo a la ciudad que se establece en la obra. Un campo donde el control social es fortísimo, donde se ganan las elecciones por decreto, pero en el que sin embargo nace la primera disidencia (¿alguien se acuerda de los mujiks rusos?) violentamente reprimida.
  • La ruptura del marco familiar mediante la introducción de instituciones publicas obligatorias en la infancia, juventud y vejez es un hecho en las dos primeras etapas, si bien no hasta el grado descrito por Richter. La educación obligatoria bajo un estricto marco estatal en nuestras sociedades, en el fondo, no anda muy lejos de los temores de Eugene. De hecho, ese afán igualitarista en las escuela que describe Richter es algo muy en boga en nuestro propio país (hay episodios, como el del Día del Padre, que mueven a risa)
  • En 1891 Richter ya se dio cuenta de que el control de la oferta monetaria por parte del Estado era un asunto clave para prolongar la tiranía. Las monedas, el oro, las divisas extranjeras, todo sería confiscado. A cambio, se emitirían certificados monetarios, una suerte de talonario de cupones convertibles únicamente por bienes disponibles en los servicios públicos.
  • Falla sin embargo Richter al decir que ya no habrá impuestos, que el Gobierno requisará lo que necesite. Subestima la necesidad del ser humano de ser engañado, y de que es mejor seducir a las masas con una pistola y una sonrisa, y no sólo con una sonrisa. La apariencia de legalidad, la invocación de palabras mágicas como solidaridad, o el establecimiento de algún tipo de procedimiento simplifica dichas requisas en el fondo.
  • Un verdadero socialista nunca se ha preocupado por ahorrar, afirma uno de los líderes socialistas de la obra de Richter. Es cierto, todo se basa en la redistribución forzada y en darle a la maquina de imprimir. Y si alguien comete el error de acumular algún bien, el Estado ya se encargará de privarle del mismo ( maravillosa conjugación de nuestro IRPF y del Impuesto de patrimonio que algunos defienden).
  • No puedo evitar pensar en los sorteos de VPO que hemos vivido cuando veo las loterías que establece el nuevo Estado para la asignación de viviendas. Introducir el azar para encubrir una injusticia se ve que es algo que debe funcionar, ayer y hoy.
  • Me causa candor la preocupación de Richter por la incorporación de la mujer al mundo laboral y la ruptura del marco familiar. El pobre hombre se llevaría un disgusto al ver que quien verdaderamente consiguió dicho transito fue el sistema capitalista. De hecho, su postura está mucho más cerca en este tema de la de los críticos socialistas con la Revolución Industrial, ese monstruo que acabó con su utópica familia feliz.
  • Por supuesto, la obsesión por la igualdad empieza por los sueldos y contra esa gente que imagina que, de alguna manera, son mejores y que no pueden soportar la idea de obtener la misma remuneración que un simple trabajador de a pie.
  • Es curioso también como Richter identifica a las mujeres como un elemento refractario a la Revolución. ¿Alguien se acuerda de quién se opuso al sufragio femenino en la II República?
  • Evidentemente, el desabastecimiento de bienes básicos, los problemas de asignación de recursos, el desmoronamiento de la productividad, el desarrollo masivo de la corrupción, el establecimiento de controladores en cada manzana urbana, etc, nos suenan perfectamente a los que hemos vivido la caída del Muro. Pero asombra ver cómo lo retrata más de medio siglo antes.
  • Por último, las disputas entre países con los mismos regímenes, fruto de las propias ineficacias derivadas del sistema totalitario y de la eliminacion del libre mercado y del comercio internacional deben sonarnos cercanas. Esa competencia desleal que critican los alemanes al no fijarse una jornada máxima laboral internacional suena a los típicos lamentos por los paraísos fiscales, el dumping social, y toda esa tramoya...

Una pequeña joya injustamente olvidada.

Más información | Obra en español en liberalismo.org, Mises.org

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