Wall Street 2: el dinero nunca duerme pero crea pesadillas

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Es probable que quienes esperen ver en Wall Street 2 una película combativa al estilo de Capitalismo, una historia de amor, de Michael Moore, se lleven una decepción. También quienes esperen un acercamiento documental a los hechos. Para esto último, es mejor revisar La caida de Wall Street por quienes la hicieron, un gran documento realizado por Wall Street Journal.

Porque Stone no hace ninguna película afilada o introspectiva sobre la crisis, como podría esperarse. Tampoco un filme que demuestre algunas de las contradicciones de la sociedad estadounidense (como sí lo hizo en JFK). Aquí se limita a seguir los pasos de ese personaje que a mediados de los años 80 marcó a toda una generación con la frase que ejemplificó el afán de acumulación capitalista: la codicia es buena. Pero, ¿sigue siendo buena la codicia tras el colapso de Wall Street?



Aquí es donde se llega a las sutilezas de Oliver Stone, quien en más de una ocasión se ha excusado de la imposibilidad de poner en pantalla las complejas operaciones de los Credit Default Swaps, el apalancamiento y la burbuja inmobiliara. Se las arregla en todo caso para mostrar la fragilidad de un sistema crematístico poblado de intrigas palaciegas, traiciones y venganzas que podrían haber servido de base a una obra de Shakespeare.

Han pasado los años y eso le permite a Gordon Gekko seguir el hilo de los hechos desde la perspectiva de un dinosaurio. Nada se da por nada y todo es negociable. Y aunque Stone mira cara a cara la crisis y logra instalar al espectador en la primera fila de la montaña rusa bursátil, no hay un intento más sesudo por desentrañar las estructuras del poder y sus consecuencias sobre el alma humana. Logra, sin embargo, crear un retrato sobre el mundo de las altas finanzas y el colapso al interior del sistema, con la manipulación excesiva de quienes se consideran amos del mundo. En uno de los momentos memorables de la película, Stone recrea una reunión de los banqueros en la sede de la Reserva Federal (Fed) en una escena que recuerda la reunión de los capos de la mafia en El Padrino, convocados por Vito Corleone para evitar el derramamiento de sangre.

Lejos de ser una película que desentrañe los misterios de la crisis, El dinero nunca duerme refleja la situación de un mundo descontrolado, donde quizá la única salvación esté en volver a las raíces y a los lazos de la sangre. Es una suerte de ironía que puede hacer a Michael Douglas el primer actor en recibir dos Oscar por el mismo personaje.

En El Blog Salmón | La caida de Wall Street por quienes la hicieron, Cómo Wall Street destruyó la economía mundial

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