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Economía y políticas sociales, ¿cuánto necesitamos para ser felices?

Economía y políticas sociales, ¿cuánto necesitamos para ser felices?
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Desde que en 1972 el rey Jigme Singye de Bután propuso abandonar el PIB (Producto Interno Bruto) como medida de progreso del país, y cambiarlo por el FIB (Felicidad Interna Bruta), numerosos economistas y sicólogos han dado vueltas a este tema que ya pensó Aristóteles en los fundamentos de la civilización humana.

En abril del año pasado, al cumplirse 40 años de la idea de Singye, y en medio del turbulento ambiente económico provocado por la crisis, las Naciones Unidas organizaron una cumbre de alto nivel apoyada por 70 países para consensuar ideas en torno a lo que puede ser un necesario nuevo paradigma económico basado en la sostenibilidad y centrado en el bienestar humano. Este enfoque no apunta al crecimiento del producto interno bruto, sino a las ganancias sociales de la Felicidad Interna Bruta. Es decir, abre una oportunidad única para reorientar el camino de la economía en función del desarrollo humano en un mundo que compartimos. Para Aristóteles, la felicidad es vivir la vida de acuerdo con la razón y la costumbre de elegir actuar virtuosamente. La capacidad de razonar es una cualidad que posee el ser humano sobre otros animales, y Aristóteles entiende que los seres humanos tienen una vocación más elevada. Con el fin de vivir conforme a la razón, una persona debe ser capaz de distinguir entre el bien y el mal. Para Aristóteles, la felicidad es una forma de vida y las verdaderas riquezas son cosas que ayudan a los seres humanos a cumplir su función; y al mismo tiempo el exceso de riquezas o suntuosidad, son simples distracciones para no disfrutar la verdadera felicidad. Las virtudes que Aristóteles describe no son emociones, sino más bien una conexión íntima con nuestra naturaleza.

Las ideas de Aristóteles forman hoy parte de una corriente creciente de académicos, políticos, investigadores y empresarios que han comenzado a tomarse en serio lo que dicen las encuestas sobre la importancia que da la gente al hecho de ser feliz, independientemente de que cada persona entienda el término a su manera. Por ello la revolución de Bután gana cada día más adeptos. En términos simples, la propuesta de la Felicidad Interna Bruta de Bután, busca combinar cuatro objetivos fundamentales: i) un desarrollo económico social sostenible y equitativo en donde el crecimiento implique beneficios reales para la población; ii) la conservación estricta del medio ambiente natural; iii) la preservación y promoción de la identidad butanesa; y iv) que el gobierno garantice estabilidad institucional y social sobre la que se basa la armonía de la vida cotidiana.

No deja de ser un gran desafío el que ha tomado el reino de Bután. ¿Cómo orientar una economía para producir la felicidad sostenible, la combinación de bienestar material, la conservación del medio ambiente, y la resistencia cultural?

Felicidad y comportamiento económico

A continuación cuelgo dos charlas cuyo tema es la felicidad. La primera es de Dan Gilbert, quien en su libro Tropezando con la Felicidad desafía las ideas convencionales de que somos infelices si no tenemos lo que queremos. Gilbert sostiene que nuestro sistema inmuno-psicológico nos hace sentirnos felices incluso cuando las cosas no salen como fueron planeadas.

"Nada puede preferirse con tanto ardor apasionado que nos haga violar las reglas de la prudencia o la justicia, o corromper la futura tranquilidad de nuestras mentes", sentencia Gilbert citando a Adam Smith, y cuestionando los errores y mezquindades de la ambición ilimitada que lleva a saltarse las reglas o hacer que estas desaparezcan.

En la siguiente charla Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía 2002 y fundador de la economía conductual por su trabajo pionero en la Economía del Comportamiento, nos indica por qué las personas toman decisiones equivocadas y actúan irracionalmente. Kahneman señala la diferencia entre el yo que vive la experiencia y el yo que recuerda la experiencia. La coexistencia de estos dos "yo" tiene importantes implicancias para las políticas públicas, como la educación, la salud y el medioambiente.

Kahnenan además señala que aquello de que "el ingreso hace la felicidad" es cierto sólo hasta cierto punto. Alcanzando determinado límite que sitúa en torno a los 60 mil dólares anuales, las personas no son "más felices". Es decir que la acumulación de riquezas o el gasto excesivo es una decisión irracional. Pero quienes están en la miseria o han perdido su trabajo están lejos de la "felicidad" .

Basados en esta idea de Kahneman presento el gráfico que ilustra este post en el cual en el eje de las absisas apuntamos el nivel de ingreso y en el de las ordenadas la felicidad. A medida que aumenta el ingreso también aumenta la felicidad, pero en una tasa decreciente. Esto indica que a determinado nivel de ingreso (lo que Kahneman estima en 60 mil dólares anuales) se alcanza la felicidad plena. Si esto es así, podemos ver que una transferencia de ingreso desde los más ricos a los más pobres no altera su nivel de felicidad, pero en cambio logra aumentar notoriamente el nivel de felicidad de los más pobres. Es algo a tener en cuenta en el diseño de las políticas públicas. Y esto pasa por el necesario cambio hacia un paradigma económico basado en la sostenibilidad y centrado en el bienestar humano.

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