La carrera por dominar la IA ha entrado ya es una auténtica locura. Las cuatro mayores tecnológicas de Estados Unidos, Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft, prevén destinar en 2026 una cifra conjunta cercana a los 650.000 millones de dólares en inversión vinculada principalmente a infraestructuras de IA.
La magnitud del desembolso es tal que equivale al producto interior bruto anual de economías como Bélgica o Suecia, que se mueven en el entorno de los 600.000 a 650.000 millones de dólares según los últimos datos del Banco Mundial y el FMI.
Nunca en este siglo se había visto una apuesta corporativa de esta escala concentrada en un solo ámbito tecnológico.
El volumen previsto supera ampliamente la inversión anual de sectores tradicionales enteros en Estados Unidos y obliga a buscar comparaciones históricas en episodios como la expansión de las telecomunicaciones en los años noventa o incluso en los grandes programas de infraestructuras del siglo XX.
Una inversión que rivaliza con economías nacionales
Para entender el impacto, basta observar la comparación macroeconómica. Bélgica registró en los últimos ejercicios un PIB ligeramente superior a los 600.000 millones de dólares, mientras que Suecia ronda cifras similares. Argentina o Tailandia se mueven también en esa franja.
La apuesta combinada de las cuatro tecnológicas estadounidenses iguala, por tanto, la producción anual completa de un país industrializado europeo de tamaño medio.
El contraste resulta aún más llamativo si se compara con la inversión agregada prevista para 2026 por grandes compañías industriales estadounidenses de sectores como automoción, defensa, transporte o energía.
Diversas estimaciones sitúan el gasto de capital combinado de más de veinte gigantes tradicionales en torno a los 180.000 millones de dólares, una cifra que queda muy por debajo de lo que destinará una sola de las tecnológicas líderes en IA.
Centros de datos, chips y una fiebre constructora global
El grueso del dinero irá destinado a la construcción y ampliación de centros de datos. Estas instalaciones, que albergan miles de servidores y procesadores especializados, son el corazón físico de los modelos de inteligencia artificial generativa.
El entrenamiento y la ejecución de sistemas capaces de generar texto, imágenes o código requieren una capacidad computacional masiva que se traduce en infraestructuras energéticamente intensivas.
Meta ha anunciado que su gasto anual de capital podría escalar hasta los 135.000 millones de dólares, lo que supondría un salto cercano al noventa por ciento respecto al ejercicio anterior.
Microsoft, por su parte, prevé situar su inversión anual en torno a los 105.000 millones de dólares.
Alphabet ha sorprendido con planes que apuntan hasta los 185.000 millones, mientras que Amazon ha ido más allá al proyectar cifras cercanas a los 200.000 millones en 2026.
Este crecimiento, estimado en torno al sesenta por ciento interanual en conjunto, acelera la ola de construcción de centros de datos en Estados Unidos, Europa y Asia.
El despliegue está tensionando redes eléctricas, elevando la demanda de agua para refrigeración y generando debates regulatorios en comunidades locales preocupadas por el impacto energético.
Una transformación estructural del modelo tecnológico
Durante años, estas compañías se caracterizaron por tener una huella física relativamente reducida en comparación con su alcance digital. Su valor residía en software, plataformas y talento humano. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial ha alterado radicalmente ese equilibrio.
Meta y Alphabet han incrementado de forma significativa el peso de propiedades y equipos en sus balances. En el caso de Meta, el valor contable de activos físicos se ha multiplicado en los últimos años, superando ampliamente los niveles previos a la pandemia.
La inversión en capital ha llegado incluso a superar el gasto en investigación y desarrollo en determinados ejercicios, un giro simbólico que refleja la centralidad de la infraestructura.
La lógica detrás de esta estrategia es que el acceso a capacidad computacional masiva determinará quién lidera el mercado de herramientas de IA. Se trata de un entorno con rasgos de “el ganador se lo lleva todo”, donde la escala puede traducirse en ventajas competitivas casi insalvables.
Riesgos financieros y tensiones en el mercado
El ritmo de gasto no ha pasado desapercibido para los inversores. Aunque los ingresos principales de estas compañías, desde publicidad digital hasta comercio electrónico o software empresarial, se mantienen sólidos, el volumen de capital comprometido introduce incertidumbre. En varios casos, los anuncios de inversión han provocado fuertes oscilaciones en bolsa.
La financiación de estos planes exige recurrir no solo a reservas de efectivo, sino también a deuda. Esto implica que la rentabilidad futura de la inteligencia artificial deberá justificar un esfuerzo financiero sin precedentes. La promesa es que las aplicaciones basadas en modelos avanzados transformarán sectores enteros y generarán ingresos exponenciales.
Solo el tiempo lo dirá.
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