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Ellos sí que cambiaron el modelo productivo: Israel

Ellos sí que cambiaron el modelo productivo: Israel
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"Cada pregunta era más incisiva. De hecho, me empecé a poner nervioso. Nunca había visto a empleados tan jóvenes no tener ningún reparo en cuestionar nuestra forma de trabajo. Nunca había visto esa actitud. Sin importar las formas, sin reparos, con arrogancia. Empecé a cuestionarme quién había comprado a quién". Así contaba Scott Thompson, el presidente de Paypal, sus primeras sensaciones cuando llegó por primera vez a Israel en 2007 para hacerse cargo de una compañía que acababan de comprar en aquel país Fraud Sciences.

En ese momento, experimentó en sus propias carnes el dicho de que es más fácil dirigir a 50 americanos que a cinco israelíes. Pero también entendió cuál era el más intrínseco motivo por el que en menos de medio siglo ese país había pasado de ser una nación que subsistía a base de vender naranjas, a convertirse en el segundo ecosistema más emprendedor del mundo.

Una fuerza laboral irreverente, tal vez, pero de reconocido talento, inquieta, responsable, muy permeable a las nuevas ideas y muy emprendedora. Los israelíes llaman a esa forma de ser chutzpah. Pero aunque tenga ciertas raíces con la forma de ser intrínseca del pueblo judío, el verdadero chutzpah se ha ido forjando con el tiempo y la decisión política de hacer una verdadera transformación del modelo productivo.

Emprendedores por imperativo legal

Todo comenzó a finales de los años 80 del siglo pasado con el desmantelamiento de la Unión Soviética. Los refugiados judíos de los países del este de Europa, que hasta ese momento habían tenido prohibida la emigración, llegaron en masa a Israel. Oficialmente se registraron 750.000 refugiados en aquella primera ola , y no fue la única, muchos de ellos con una excelente formación en ingeniería y tecnología. Llegaban a un país minúsculo con apenas ocho millones de habitantes. Israel, entonces, estaba sumido en una profunda crisis financiera con una hiperinflación del 440%, el 70% del PIB era gasto público, y carecía de recursos naturales que poder explotar. Estaba al borde la quiebra.

En lugar de aparcar a los inmigrantes en trabajos poco cualificados, como desgraciadamente suele ser habitual en la mayoría de los países, el gobierno israelí decidió apostar por aprovechar su talento y sacarle el máximo partido a esa mano de obra que llegaba en masa. Fue consciente de que sus dos únicas materias primas eran el desierto en el que se asentaba su territorio y la gente que lo habitaba. Tuvieron claro que su única apuesta ganadora iba a ser incentivar el talento.

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Gracias a esa visión de futuro, Israel ha conseguido convertir en la más tangible de las realidades aquello de que los problemas pueden convertirse en oportunidades. Hoy, este país desértico es líder en producción e importación de soluciones de desalinización de agua y han conseguido la independencia en el suministro de este preciado bien, al tiempo que una próspera industria exportadora en soluciones para convertir el agua de mar en agua potable. Este es solo uno de los éxitos, que como todos los demás no tiene nada de casuales. A finales de la década de los ochenta del siglo pasado, el Gobierno de Israel decidió aparcar la organización económica original de ese Estado en torno a Kibutz (granjas colectivas) para poner en marcha una potente política centrada en el crecimiento y en cultivar el talento.

En el lado de la formación apostó por la creación de universidades con especial atención a las disciplinas tecnológicas y de innovación. En la actualidad, en Israel están dos de las mejores universidades del mundo. Además, tienen una ratio de 244,2 patentes registradas por persona. En España apenas superamos las 9,1 patentes por habitante.

En el lado empresarial, pensaron que la mejor integración para la masa de inmigración que estaba llegando a su estado era incentivar la creación de empresas. Para ello, pusieron en marcha la creación de incubadoras de empresas que facilitaban a los nuevos empresarios no solo un lugar donde comenzar a desarrollar sus ideas sino también una inyección económica de 250.000 dólares a cambio de los royalties que generara su negocio fueran para el Estado que les había tutelado.

95 empresas israelíes cotizan en el Nasdaq

En ese momento se ideó Yozma, un modelo de capital riesgo, que algunos personalizan en la figura de Yigal Erlich, y que España lleva algunos años intentando replicar a través de la iniciativa Fondo de Fondos del ICO, pero cuyos resultados están todavía muy lejos de los conseguidos por Israel. El modelo es similar, fondos de inversión en pymes que combinan la inversión pública y la privada. En el inicio del programa, en los años 90 del siglo pasado, Israel creo 10 fondos de capital riesgo con una inyección de dinero público de alrededor de 100 millones de dólares. En cada fondo, el Gobierno ponía el 40% de las aportaciones. El 60% restante debía llegar de aportaciones privadas. Algunos atribuyen la llegada masiva de fondos internacionales a la solidaridad religiosa de los judíos de todo el mundo. Sea lo que fuere. Lo cierto es que ese dinero no cayó en saco roto puesto que el 56% de los proyectos iniciados se convirtieron en sonoros éxitos. La rueda estaba en marcha. Éxito llama a éxito y el flujo de dinero no ha parado de llegar hasta ahora.

En la actualidad, Israel cuenta con alrededor 4.000 startups; y 95 de sus empresas cotizan en el Nasdaq, cifra que suma más que todas las empresas de Europa juntas en ese índice. Además, es la economía número 38 del mundo por volumen de PIB. Su inflación está controlada entre el 1,5% y el 3% del PIB. La deuda pública apenas supera el 45% del PIB. Esta explosión de emprendimiento ha convertido al país en un centro de atracción de I+D mundial. La Start -up Nacion, como la llamaron Dan Senor y Saul Singer en su libro, también se ha forjado el apodo de Silicon Wadi, en referencia al Silicón Valley de oriente medio. Las grandes empresas tecnológicas como Appel, IBM, Cisco… tienen sede allí.

Un ejército casi sin jefes apalanca el modelo

8200

No se puede hablar de este éxito sin mencionar una peculiaridad de Israel: su ejército. Desde su artificiosa creación, el país está en un entorno geopolítico muy hostil. Rodeado de enemigos, la fuerza militar es básica en su concepción de Estado y una importante fuente de gasto público. Allí, los jóvenes de 18 años están obligados a hacer el servicio militar durante tres años los hombres y dos las mujeres. Pero ¡ojo! Si alguien está pensando en aquellos tiempos de la mili española, con hordas de jóvenes mirando pasar las horas en la garita del cuartel o pelando patatas durante el arresto del fin de semana, está muy equivocado. El ejército en Israel está muy lejos de ese concepto.

Las instituciones castrenses de aquel país incentivan más que nadie la chutzpah con la que se topó Scott Thompson. Frente al tradicional ordeno y mando, en él las preguntas y el cuestionamiento de las órdenes por parte de los soldados no sólo se permiten sino que se demandan. Mientras, a quienes sigue las decisiones sin pensar se les denomina roshkatan – (cabeza pequeña). En el ejército israelí el número de altos caros cargos es muy reducido, además de los conocimientos castrenses se mima la educación tecnológica y se trabaja la madurez de sus soldados. A los jóvenes se les enseña a rebatir, preguntar, a retar lo obvio, se les dan responsabilidades a años luz de las que tienen los adolescentes de su edad en el resto del planeta. La prueba de su eficiencia es que muchas de las actuales grandes empresas del planeta como: Nike, Slylit, Comverse tienen como CEOs a hombres que se formaron en la unidad 8200 especializada en inteligencia e ingeniería tecnológica.

Además, suele ser habitual que tras este tiempo en el ejército los jóvenes se tomen un año sabático para viajar por el mundo antes de incorporarse a la universidad, al revés que el resto de jóvenes occidentales, que esperan a terminar los estudios para comenzar sus aventuras internacionales.Esto hace que los estudiantes lleguen a la universidad con una formación y una madurez vital diferentes a las que tienen los universitarios de cualquier otro lugar del mundo, excepto quizá Corea del Sur. Ya saben trabajar en equipo. Han tenido que resolver problemas vitales y liderar situaciones y equipos. Llegan con las reglas de la discusión y la retórica de la confrontación de ideas aprendidas. Así que están mucho más preparados para absorber los conocimientos teóricos de la formación reglada y ponerlos en práctica para montar sus propias empresas.

Inversión estatal en I+D

Grafico Elconfidencial

Por supuesto, el Estado no se ha olvidado de las bases puestas en los ochenta y todavía la apuesta por la innovación y la educación está intrínsecamente ligada a sus políticas con independencia del Gobierno de turno. Hasta tal punto, que desde que el famoso economista Stanley Fischer fue gobernador de su Banco Central, (2005-2013) el objetivo de su institución monetaria no es ni la inflación ni el paro, como ocurre en la mayoría de bancos centrales, sino que tiene un objetivo de crecimiento nominal del PIB.

En la actualidad es el país que más invierte en innovación y desarrollo de todo el mundo,casi un 5%. El segundo, Suecia,se queda en el 3,5% y España no llega al 1,5% (según este gráfico que en su día publicó El Confidencial). Otros datos, la oficina del jefe científico responsable de innovación tiene un presupuesto anual de unos 440 millones de euros que se han mantenido estable en los últimos 15 años. Dispone de unos 40 programas diferentes para financiar ideas o proyectos innovadores.

En los últimos años, además, están tratando de diversificar fuentes de ingresos. Además de las brillantes industrias tecnológicas y químicas, están apostando por la talla de diamantes, el texto o la industria turística. A pesar de que las tensiones políticas y la guerra con Palestina y otros vecinos árabes no son la mejor invitación, los atractivos de Tierra Santa atraen a 3,5 millones de turistas cada año. Las exportaciones de innovaciones tecnológicas como, las desalinizadoras, también están en claro crecimiento.

Muchos ponen a Israel como el ejemplo a seguir en España. Y, en parte se están intentando, pero mucho me temo que ninguno de los que esté leyendo esto conseguirá ver un chutzpah made in Spain.

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