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El desempeño económico de China y el PIB mundial en los últimos 2.000 años

El desempeño económico de China y el PIB mundial en los últimos 2.000 años
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China desempeña hoy un rol mucho mayor en la economía mundial y su importancia seguirá en aumento, volviendo a lo que fue su dinámica en el mundo hasta principios del siglo 19. Los últimos 200 años serían sólo un paréntesis para el predominio occidental, tal como concluye el economista británico Angus Maddison, fallecido en abril de este año. Maddison intentó evaluar la evolución del desarrollo chino para arrojar luz sobre el futuro, y su trabajo permitió constatar que hasta comienzos del siglo XIX China e India eran las principales economías del planeta. La revolución industrial encabezada por occidente las eclipsó en los últimos 200 años, tal como podemos apreciar en la gráfica que ha publicado The Economist, con los datos aportados por Maddison.

Para comprender la China contemporánea, es útil tener una perspectiva de largo plazo sobre su evolución económica. Ya en el siglo X, China era líder en la economía mundial en términos de renta per cápita y junto a India producía el 50% del PIB percápita mundial. El impulso de su desarrollo estuvo en la intensidad con que utilizó sus recursos naturales y en la capacidad de administrar su enorme imperio territorial. Pero desde principios del siglo XIX su desempeño se vio fuertemente disminuido producto del acelerado progreso económico que brindó la revolución industrial a los países occidentales.

Un análisis comparativo de los resultados de China puede proporcionar nuevas perspectivas sobre la naturaleza y las causas del crecimiento económico, e iluminar los acontecimientos que marcan el surgimiento y la decadencia de las naciones. Por ejemplo, China fue un pionero en los modos burocráticos del gobierno y en el siglo X reclutaba servidores públicos y los capacitaba profesionalmente sobre una base meritocrática. Su aparato burocrático fue el principal instrumento para la imposición de políticas y el orden social en un país de enorme extensión. De ahí que el impacto económico de la burocracia fue muy positivo para la agricultura, que era el sector clave del cual se podía extraer un superávit en la forma de impuestos y gravámenes obligatorios.

China desarrolló importantes obras hidráulicas, y gracias al desarrollo precoz de la imprenta, fue capaz de difundir las mejores técnicas con una amplia difusión de manuales ilustrados agrícolas. La agricultura se estableció en nuevas regiones para mitigar las hambrunas y fomentó la innovación mediante la introducción de semillas de maduración temprana que con el tiempo permitían duplicar o triplicar la cosecha. Con esto le fue fácil introducir nuevos cultivos: el té en la dinastía Tang, el algodón en la dinastía Sung, el sorgo en el Yuan, y los nuevos cultivos como maíz, papa, maní y tabaco en la dinastía Ming.

Pero China se mantuvo estancada durante dos siglos al no acceder con la misma celeridad al desarrollo tecnológico. Al igual que Rusia, permaneció en la Edad Media hasta bien entrado el siglo XX, y tanto la máquina de vapor como la electricidad la vivieron con retraso. Por eso no debe sorprender demasiado que China vuelva a los primeros lugares tras permanecer casi dos siglos relegada en el olvido. En los mil años que van desde el año 820 al año 1820, el ingreso percápita del mundo aumentó menos del 50%, mientras que en los 190 años que van desde 1820 hasta hoy el ingreso percápita ha aumentado más de 8 veces. Son elementos a tener en cuenta cuando consideramos horizontes más amplios en el desarrollo económico de los países. Algo de lo cual Angus Maddison nos dejó un invaluable legado.

Imagen | The Economist

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