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Los coches alemanes dejan de ser un gran negocio

Los coches alemanes dejan de ser un gran negocio
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Un artículo en The Economist (en inglés) afirma que los coches de lujo alemanes no son el negocio que era antes. Tradicionalmente los coches alemanes eran un gran negocio para Alemania, eran productos de alto valor añadido, la industria alemana de la automoción era la mayor industria del país. Mercedes y BMWs eran los símbolos de la supremacía tecnológica de un país, su alto valor añadido había hecho que no fueran tan susceptibles de ser deslocalizados a Europa del este, o incluso a China. Ahora los concesionarios Volkswagen son los que más incrementan sus ventas.

No obstante las circunstancias han cambiado, el precio del petróleo sube y los combustibles alternativos todavía están por llegar. Las restricciones medioambientales crecen, así como las del tráfico rodado, como la famosa de Londres, la conciencia medioambiental por su parte empieza a influir. Cada vez se vuelve más difícil encontrar aparcamiento en las grandes ciudades. ¿Sigue siendo tan interesante comprar un coche caro, contaminante y difícil de aparcar? La industria alemana ha hecho intentos para no quedarse atrás en los nuevos gustos de los consumidores, los Smart, la clase A de Mercedes o los MINI de BMW han sido intentos de fabricar coches pequeños, pero como indica el artículo, no son coches baratos.

Puede resultar fácil criticar a la industria alemana por no haberse adaptado. Se les puede acusar de falta de visión comercial, de falta de visión de futuro, se les puede acusar incluso de no haber interpretado bien las investigaciones de mercado. ¿Era tan fácil adaptarse?

Tradicionalmente en Marketing siempre se ha dicho, hay que dar un mayor valor añadido, hay que ofrecer más al consumidor, hay que dar más por el dinero. Es decir, hay que fabricar coches más grandes, más caros y con más opciones, pero no es habitual decir: cuidado, puede que el consumidor busque todo lo contrario, puede que busque precios bajos y simplicidad; a pesar de que algunos grandes negocios como IKEA, EasyJet o TESCO se basen exactamente en precios bajos y menos servicio.

En resumen, una mala noticia para la industria alemana, una interesante noticia sobre hacia donde van los caprichosos gustos de los consumidores.

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