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OPEP, perro ladrador

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El pasado fin de semana, los países de la OPEP celebraron una de sus cumbres, a las que todo Occidente presta gran atención teniendo en cuenta la capacidad que tienen estos países de poner en jaque las economías de todo el mundo a través de sus decisiones respecto a la cantidad de crudo que producen. Si amplían la producción, baja el precio. Si la restringen, suben los precios.

Y con el petróleo en el entorno de los 100 dólares el barril, la cosa no está para bromas. Sin embargo, creo que no va a haber grandes sobresaltos en la actuación de la OPEP, pese a las diatribas incendiarias de algunos de sus líderes. Y es que productores y compradores en el mercado del petróleo están condenados a entenderse.

Desde luego, son los productores los que tienen la sartén por el mango. Pero saben que tampoco pueden tensar la cuerda más allá de lo necesario. Es cuestión de tiempo que los países occidentales desarrollen fuentes de energías alternativas, una tendencia que puede mantenerse aletargada mientras las relaciones con los productores sean razonables pero que puede acelerarse (a través de la inversión en I+d+i) ante la percepción del riesgo de actuaciones desmedidas por parte de éstos.

Por otra parte, las potencias occidentales con Estados Unidos siempre juegan la baza de la amenaza militar en caso de que las cosas se salgan excesivamente del guión. Es cierto que las condiciones geopolíticas no parecen las más indicadas para más operaciones militares a gran escala, pero no me cabe duda de que en un momento determinado existe la capacidad para intervenir de forma decisiva (bien por la fuerza, o bien a través de medios más sutiles que permitan controlar los países productores) y asegurar así el control sobre la producción de petróleo.

Pero además debemos tener en cuenta que la OPEP no es en absoluto un club homogéneo. En la organización se juntan países abiertamente anti-americanos como Irán o Venezuela, con países amigos como Arabia Saudí. Y en ese equilibrio interno de fuerzas está una de las claves que asegurará que, aunque lógicamente estos países van a "tirar de la cuerda" todo lo que puedan (son conscientes de que tienen un tesoro entre manos), se cuidarán mucho de no romperla.

Foto | Fábio Pinheiro

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