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¿Por qué no nos vamos?

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A estas alturas el tema esta más que tratado. Me refiero al incidente protagonizado por Hugo Chavez y la Delegación española, con el Rey al frente, en la Cumbre latinoamericana (que cada vez me recuerda más a la extinta OTI). Como este no es un blog de política, y hablamos de economía, voy a intentar ceñirme estrictamente a la materia en cuestión. Y es que creo que ese tipo de sucesos son aldabonazos para la conciencia empresarial. Mas de un empresario español se ha preguntado cuál es su papel en Hispanoamérica tras estos sucesos. Hagamos memoria. La inversión española en Hispanoamérica se desata en el decenio pasado. Frente a un crisis galopante en España, a la atonía de los mercados europeos, etc... se abría el escenario de un amplio mercado, de subcontinente y medio. Además, gran parte de las empresas norteamericanas, que tradicionalmente habían copado esos mercados, estabn de retirada tras las ultimas crisis. Se les acusaba de practicas de rapiña, de no invertir en infraestructuras, de pretender subidas tarifarías continuas, de más o menos lo mismo que se acusa ahora a los españoles. Se argumentaba que había una desconexión cultural con el yanki, y que era el germen de todos los problemas. Y nos lo creímos. Sin pararnos a pensar que, por mucho que nos una una lengua, nuestra cultura no es sólo eso. Hablamos de un modelo económico, social, político, filosófico diría yo que poco tiene que ver con el imperante en Hispanoamérica. Somos plenamente Europeos, y desde luego yo no voy a pedir perdón por ello.

Y es que ahí esta la madre del cordero. En la absoluta falta de respeto por parte de las sociedades de estos países de conceptos básicos en el mundo occidental. No se respeta la iniciativa ni la propiedad privada, hay una absoluta inseguridad jurídica y un boom creciente de las soluciones demagógicas y populistas. Y en ese mercado deben bregar las empresas españolas, financiadas y sostenidas en parte con créditos blandos que España ha concedido a estos países. Lamentable. Debe ser durísimo desarrollar proyectos empresariales en países como Bolivia, Ecuador, Nicaragua, o que decir de Venezuela. El problema es que ese mismo magma se da en el resto de los países. No hay más que ver la falta de capacidad de reacción frente a las provocaciones venezolanas del resto de países. En cualquier momento naciones como Perú o México pueden caer en manos de lideres afines.

En mi opinión debemos reconocer nuestro fracaso y minimizar las perdidas. Hay que recortar radicalmente las inversiones en esta zona y apostar por lugares civilizados donde se respete la figura de la libre empresa. Un abandono gradual y ordenado, nada de entregar las empresas a los neopopulistas. Las nuevas inversiones, las nuevas apuestas deben buscar países que ofrezcan un marco sólido, sin estar sujetos a procesos electorales cambiantes donde haya claros factores de serio riesgo, de absoluta inestabilidad. Las expectativas de crecimiento no lo son todo. Es hora de que los Bancos que financian estas inversiones se lo pongan en claro a estos empresarios. Máxime cuando el Gobierno español es incapaz de defender los intereses de sus empresas.

Más información en El Blog Salmón Hay dos Latinoaméricas El perfecto idiota latinoamericano

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