Arancel fue designada como “palabra del año” para la RAE en 2025. Y también, el tema preferido de Donald Trump cuando se trata de hacer negocio con los diferentes países del mundo.
El nuevo giro proteccionista de Washington ha reabierto una tormenta que parecía encauzada tras meses y meses de frágil estabilidad comercial. La decisión del Tribunal Supremo de limitar el uso de poderes de emergencia para imponer gravámenes generalizados vuelve a ponerlo todo patas arriba.
Y la Casa Blanca ya ha reaccionado. Una especie de “tarifa plana” del 15% sobre prácticamente todos los productos y países, una medida que, lejos de despejar dudas, multiplica la incertidumbre en el comercio global. Otra vez.
Según estimaciones de Bloomberg Economics, la nueva arquitectura arancelaria situaría la tasa efectiva media de Estados Unidos en torno al 12%. Es una cifra inferior a los picos registrados en los momentos más tensos de la guerra comercial, pero suficiente para alterar cadenas de suministro, decisiones de inversión y estrategias empresariales en múltiples sectores
Asia y América Latina respiran mientras Washington endurece el discurso
Paradójicamente, los países que habían soportado los gravámenes más severos podrían salir relativamente mejor posicionados en esta reconfiguración.
Cálculos de Morgan Stanley apuntan a que el arancel medio ponderado sobre varias economías asiáticas descendería desde niveles cercanos al 20% hasta el entorno del 17%.
En el caso de China, la tasa efectiva sobre sus exportaciones hacia Estados Unidos bajaría desde el 32% al 24%, especialmente tras la anulación judicial de recargos adicionales vinculados a cuestiones de seguridad nacional.
India y Brasil también verían reducida la presión arancelaria desde cotas próximas al 25% hacia el 15% o incluso menos en determinados sectores.
Para economías emergentes con fuerte dependencia exportadora, esta rebaja relativa supone recuperar competitividad frente a socios que ahora afrontan un escenario más incierto.
La ironía habla por sí sola: el intento de endurecer la política comercial puede acabar redistribuyendo ventajas hacia rivales estratégicos. Pero ojo, el alivio podría ser transitorio.
Desde Washington ya se estudian aranceles sectoriales y medidas específicas por país que permitirían mantener la presión sin recurrir a herramientas jurídicas cuestionadas por el Supremo.
Bruselas congela el acuerdo y exige claridad total
Tras la breve tregua que siguió a la crisis diplomática en torno a Groenlandia, la tensión entre Bruselas y Washington ha vuelto a dispararse.
La Unión Europea ha decidido congelar sin fecha la ratificación del acuerdo comercial firmado en julio tras constatar que las nuevas tasas sustitutivas anunciadas por la Casa Blanca podrían vulnerar el compromiso alcanzado en Turnberry, donde se pactó un techo máximo del 15% para los productos europeos.
La Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo ha suspendido la votación prevista para avanzar en uno de los pilares del acuerdo, la eliminación de aranceles a productos industriales estadounidenses y a determinados bienes agrícolas.
El presidente de la comisión, Bernd Lange, ha reconocido que el trabajo parlamentario queda paralizado hasta nuevo aviso ante lo que ha descrito como un caos arancelario difícil de interpretar incluso para los expertos.
Bruselas reclama claridad total a Washington. Los contactos entre el comisario de Comercio y sus homólogos estadounidenses no han logrado disipar las dudas. Desde la Comisión se insiste en que un acuerdo es un acuerdo y que ambas partes deben respetar los compromisos firmados.
La Unión Europea estudia escenarios de respuesta si se confirma una ruptura unilateral. Sobre la mesa están la posible reactivación de aranceles del 30% sobre productos estadounidenses valorados en 93.000 millones de euros y, en última instancia, la activación del Instrumento contra la Coerción Económica aprobado en 2023.
EEUU paga el precio interno del proteccionismo
Mientras tanto, el impacto doméstico en Estados Unidos comienza a hacerse visible.
El tipo medio efectivo más elevado encarece insumos importados, presiona la inflación y complica la planificación de empresas que dependen de componentes extranjeros.
El consumidor estadounidense ya soporta parte de ese ajuste en forma de precios más altos en bienes manufacturados y productos tecnológicos.
La Reserva Federal observa con cautela. Un entorno de mayor volatilidad comercial puede frenar inversión y empleo, erosionando el crecimiento en un momento en el que la economía mostraba señales de desaceleración moderada.
La experiencia de ciclos anteriores sugiere que los aranceles no solo afectan a los socios comerciales, sino que actúan como un impuesto indirecto sobre la propia economía que los impone.
Europa sufrirá por su elevada exposición exportadora y por la dependencia de sectores industriales sensibles, pero Estados Unidos corre el riesgo de aislarse en un momento de creciente competencia.
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