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De la cuenta 1,2,3 al ERE 1,2,3: Así afronta el Santander la gran crisis de personal
Mercados Financieros

De la cuenta 1,2,3 al ERE 1,2,3: Así afronta el Santander la gran crisis de personal

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Banco Santander ha comenzado el mes de abril con una noticia que ha causado alarma en el sector financiero y en la sociedad en general. La entidad ha anunciado una nueva reestructuración de su negocio en España que se va a saldar con el cierre de alrededor de 450 oficinas y un buen número de despidos. En concreto, la entidad presidida por Ana Botín tiene más de 24.000 empleados en España, una cifra que quiere reducir a lo largo de 2016 en más o menos el 12%. Pero no se trata de aligerar la plantilla por las buenas, sino de reajustar todo el negocio al nuevo panorama financiero que ha quedado tras la crisis -derivado en buena parte de la estratosférica evolución de las nuevas tecnologías- ya que los servicios centrales también son objeto de reestructuración.

Aunque la dirección de la entidad ya se lo ha comunicado a los sindicatos del banco, aún no se maneja una cifra exacta de a cuántas personas podría afectar el nuevo ajuste. Si bien la sección de CCOO de la entidad se teme una cifra más que considerable teniendo en cuenta que se quieren ventilar de un plumazo más de 400 oficinas, lo que supone el 13% de sus más de 3.460 sucursales en toda España.

Pero, ¿qué se esconde detrás de este anuncio que ha sorprendido a propios y extraños? Las causas tienen varios orígenes, tanto internos como externos, y pueden servir de aviso a navegantes, porque lo que le ocurre al Santander se va a acabar extrapolando a todo el sector bancario tarde o temprano.

Crisis de identidad

Emilio Botín es insustituible. Eso lo sabían ya en la entidad antes de que falleciera sorpresivamente hace un año y medio. Sin embargo, nadie había previsto que su ausencia sería tan traumática en estos primeros años sin su figura. Aunque Ana Botín accedió a la presidencia con determinación y con las ideas muy claras -revolucionó el consejo de administración a los pocos meses de acceder al puesto-, el viento no le ha soplado de cara.

La hija del fundador se encontró un banco con procesos que se habían quedado obsoletos en el entorno actual y, lo peor de todo, que conllevan enormes gastos. Esta ingente estructura requiere de una reducción rápida y ágil si Santander no quiere perder cuerda en un entorno en el que la competencia es feroz y en el que, además, la economía no acompaña.

Si bien lo peor de la crisis ya ha pasado y el banco ha podido limpiar sus balances, la economía no está recuperada del todo y hay una seria preocupación en el entorno financiero sobre la salud real del sector. Además, los bancos se han topado de repente con un enemigo que les está haciendo perder mucho dinero: la bajada de los tipos de interés.

La fuerte caída de los tipos, que están en el 0% o incluso en negativo, ha puesto en jaque su negocio tradicional: prestar dinero cobrando un interés. Con los tipos tan bajos, las entidades incluso pierden dinero al prestarlo, lo que condiciona totalmente su actividad y su desarrollo, ya que se están comiendo el margen de intereses de la banca, es decir, sus beneficios.

Con este panorama, el Santander puso toda la carne en el asador con un producto importado de Reino Unido: la cuenta 1,2,3, que ha inundado espacios publicitarios y se ha convertido en su principal caballo de batalla. No obstante, como ya contamos por aquí en su día, se trata de una cuenta muy compleja que lleva aparejada la contratación de otros productos.

¿Se van a vaciar los bancos?

Cuando pensamos en ir al banco a hacer algún trámite, nos vienen a la cabeza esas interminables colas que se forman delante de las ventanillas de las entidades, sobre todo a principios de mes, y que nos suelen arruinar buena parte de la mañana. Sin embargo, esa imagen está cambiando.

Cada día pisamos menos la sucursal bancaria, y eso es un hecho. Piénsalo, ¿hace cuánto no vas al banco a hacer una transacción? La llegada de los servicios de banca digital han hecho que la oficina haya quedado desplazada a los trámites de más envergadura, es decir, a adquirir algún producto bancario o si se ha producido algún error en nuestras cuentas.

Banco Santander Compressor

La tendencia es tal que algunos ya aseguran que el modelo de banca tradicional está tocado de muerte. Es el caso del consejero delegado de uno de los primeros bancos móviles del mundo, Moven. Brett King ha dado unas cifras que han dejado temblando al sector: el 80% de los ‘millenials’ -la generación que nació a finales de los 80 y principios del 2000- no pisará nunca una oficina bancaria, ya que gestionarán sus finanzas desde su móvil.

Para este emprendedor, en el futuro las cuentas bancarias se gestionarán en su totalidad desde el smartphone, lo que no solo ahorrará tiempo a los clientes, sino también dinero de las comisiones. La burocracia bancaria, pues, se aligerará y se adaptará al mundo digital, que está regido por la máxima de la inmediatez.

Y es que el sistema bancario tradicional está en serio peligro de extinción ante el auge de las ‘fintech’ -startups de finanzas que operan en el ámbito digital exclusivamente-, que ha puesto en riesgo nada menos que el 32% de los ingresos de la banca mundial. Por ello, la banca ya ha empezado a ver las orejas al lobo y se está reconvirtiendo para no perder parte de su pedazo de pastel, ya sea 2.0 o 3.0.

En esta carrera BBVA ya le ha adelantado terreno a su eterno rival, pues la entidad presidida por Francisco González comenzó esta reestructuración el año pasado cuando decidió sustituir a su CEO, Ángel Cano, para convertirse en el primer banco digital del mundo, que se ha convertido en la prioridad de la entidad y, sobre todo, de su presidente.

Sin embargo, desde GurusBlog se hace una interesante reflexión al respecto. Es posible que la banca se esté equivocando al alejar al cliente de las oficinas bancarias aún más con estos cierres, pues la red de oficinas era, hasta ahora, la única barrera de entrada que tenía este negocio, por lo que si se acaban eliminando todas las sucursales, el abanico de competidores podría ser mucho más amplio.

Y Bruselas en el retrovisor…

Y para acabar con este cúmulo de imprevistos, la banca tiene a Bruselas pisándole los talones. Las mayores exigencias de capitalización impuestas por la UE para evitar que tengan que ser los ciudadanos los que acaben pagando el pato de los rescates supone un sobreesfuerzo en un momento en el que el negocio bancario se ha resentido.

Los banqueros están haciendo malabares para ganar dinero y, a la vez, adaptarse a estas exigencias mientras de fondo tienen que reconvertir su negocio para no perder a los ‘millenials’. Además, Bruselas ha advertido de que no va a bajar el pistón a pesar de que el sector se ha quejado por unas condiciones que muchos encuentran inalcanzables.

Por todo esto, la crisis del Santander se puede entender en un contexto muy amplio que tarde o temprano acabará salpicando a sus competidores. Ya saben, renovarse o morir...

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