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La empresa vacía

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Hace unos años dos suecos calvos con pinta de rockeros revolucionaron el mundo del management con su best-seller, Funky Business. En este libro, Jonas Ridderstrale y Kjell Nordström presentaban varios conceptos innovadores para la gestión de las empresas, y entre ellos recuerdo que me impactó el concepto de la "empresa vacía". Su punto de vista era centrar los recursos del negocio en aquello que realmente formaba el core business, aquello que resulta fundamenta, esencial y que nos proporciona nuestra ventaja competitiva, externalizando todo lo demás. Alguno de los argumentos presentados incluían el que no resulta rentable tener en nómina al mejor contable del mundo, pero sin embargo si puedes contratar a la mejor consultora del mercado.

Pues bien, sin entrar en los pros y los contras de este argumento, y al hilo de la nueva normativa sobre trabajadores autónomos, CC.OO. avisa de que nos hemos tomado el consejo de los dos profesores de economía "a la española": se mantienen las empresas con los recursos mínimos y el resto se mantiene a base de ETT y demás contrataciones de caracter precario. Se queja también el sindicato de que se externalicen labores a las empresas de servicios, como por ejemplo limpieza, seguridad, informática... Lamentablemente, yo aquí tengo que discrepar. Es normal que el sindicato defienda sus posiciones, pero la realidad es que aquí andan con un siglo de desfase respecto a la realidad del mercado. También alerta CC.OO. de la creación de "falsos autónomos", es decir, negociar con un empleado para que deje la empresa y siga vendiendo sus servicios a la misma pero como autónomo, con el consecuente ahorro para la empresa en seguridad social y costes de despido ante una eventual ruptura de relaciones. Una vez más, discrepo: si mi anterior empleador me hubiera propuesto esta opción, posiblemente ni me lo hubiera pensado, siempre que dicha relación no implique una exclusividad.

Y es que en el mercado actual ya no existen las seguridades de por vida más allá del funcionariado, y aunque muchos no se acostumbran y sienten una sensación de vértigo ante esta incertidumbre, la realidad es que es muy poco probable que volvamos a un modelo de contratación eterna y heredable - como se daba en muchos casos, en los que los puestos pasaban de padres a hijos - y más bien debemos empezar a pensar en "Yo S.A." como nos anunciaban Ridderstrale y Nordström.

Vía | Diario de León

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