Las subvenciones a fondo perdido ¿son efectivas?

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Fondo perdido



Hay muchos tipos de subvenciones, tanto por parte del estado como por parte de otras administraciones. Algunas de ellas son “a fondo perdido“ esto es, que no se exige su reembolso, en el mejor de los casos alguna justificación del destino final de los fondos. No voy a entrar en poner ejemplos particulares, ya que los destinatarios de estas subvenciones son de todo tipo, desde personas físicas a grandes empresas y organismos.

Este tipo de “ayudas” deberían, desde mi punto de vista ser sustituidas por otros modelos de ayudas, como pueden ser rebajas o exenciones fiscales, periodos de carencia en préstamos, condiciones preferentes en préstamos estatales. ¿Y porqué digo esto? Porque las subvenciones a fondo perdido (ojo, hablo sólo de éstas) generan cazadores de subvenciones, que buscan la forma de que determinado ente cumpla los requisitos para recibir la subvención, llegando incluso a alterar cifras para conseguir que las cuantías de esas subvenciones sean las mayores posibles.

Como siempre hecha la ley, hecha la trampa. Esta actitud lleva a que los que realmente necesitan las subvenciones rara vez puedan acceder a ellas, ya que otros “cumplen mejor los requisitos” y eso ya sin entrar a hablar de fraudes y de malas prácticas como crear subvenciones ad hoc para entidades amigas (empresas, empresarios…). Hay entidades cuyo único fin es justificar la subvención que reciben, lo que impide que lleguen las ayudas a entidades que no pueden perder tiempo de su actividad en justificar la necesidad de recibir la subvención, porque están trabajando.

Sin duda las subvenciones son efectivas en la medida en la que suponen una ayuda a quien las recibe, el problema es el descontrol, que al igual que ocurre con otros tipos de fraude (evasión fiscal, etc.) al final lo que hace es que las ayudas no lleguen a quien las necesita más sino a quien se mueve mejor para conseguirlas. Es curioso que un colegio tenga que anotar lo que gasta en gomas de borrar mientras hay ayudas que se justifican con un mero presupuesto de gastos previstos.

La reflexión final es la siguiente ¿Es lícito que el dinero de todos se reparta entre unos pocos? ¿No sería más lícito en todo caso que esos pocos aportasen algo menos a la caja común?

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