Sigue a El Blog Salmón

emrpesario


Hace unos días explicaba como había evolucionado el concepto de empresa a lo largo del tiempo y para complementar dicho artículo no se me ocurre mejor idea que la de publicar uno nuevo analizando cuál ha sido la evolución histórica de la figura del empresario.

El concepto de empresario ha sufrido grandes modificaciones desde la época del capitalismo mercantilista hasta la actualidad. De ser el propietario de la empresa y el que tomaba las decisiones, ha pasado a constituirse en una figura mucho más compleja, que no necesariamente tiene que ser una persona física ni el dueño de la empresa.

Siglos XVIII-XIX: el mercader sedentario

En la época de la Revolución Industrial el empresario es individual. Según economistas de la escuela clásica como Adam Smith o Ricardo, el empresario era un mercader sedentario en el que coincidían las figuras de propietario del capital y de controlador de los medios de producción.

No fue hasta unos años después cuando R. Cantillon (1680-1734) entendió por primera vez la figura del empresario como un hombre de negocios, ya que era el agente que compraba los medios para producir y, posteriormente, revendía a un precio incierto. El empresario, por tanto, era una figura que asumía riesgos ya que no sabía si recuperaría el desembolso efectuado.

Siglo XIX: el empresario organizador

Gracias a los avances tecnológicos de la época, a la ampliación de mercados y al surgimiento de grandes necesidades del capital, aparecen por primera vez las grandes sociedades, en las que diversos propietarios financian conjuntamente la empresa. Con la llegada de esta forma societaria se empiezan a separar por primera vez los objetivos del empresario y del capitalista, surgiendo de esta forma lo que el economista Marshall denominó como empresario organizador.

El capitalismo llega a una etapa en la cual el capital se fracciona entre un número amplio de accionistas y se elige al empresario en función de su capacidad. Este nuevo empresario afronta ahora un riesgo más profesional que patrimonial, ya que lo que este arriesga no es su dinero, sino su puesto de trabajo. Las funciones de este empresario profesional son, por tanto, las de organizar, planificar y dirigir factores en la consecución de un beneficio para los accionistas.

Siglo XX: empresario como persona que asume un riesgo

Nos referimos, como algunos entendidos habrán podido prever, a la teoría económica del economista Knight, según el cual el empresario es la persona que asume el riesgo derivado de la actividad económica, ya que adelanta una cantidad de dinero real y cierta con el objetivo de recoger un beneficio incierto.

Knight siguió diferenciando entre el empresario profesional, que era el que daba las órdenes de gestión de la empresa y desarrollaba la función de organización; y el empresario patrimonial, que era el que hacía el desembolso de dinero y, por tanto, asumía el riesgo.

Siglo XX: empresario como persona innovadora

Según Shumpeter, otro economista de la época, no era el riesgo el factor explicativo de las ganancias del empresario, sino la innovación y el progreso técnico. Según él, las fases del cambio tecnológico eran tres: invención, innovación e imitación.

Para Shumpeter, el empresario era la figura que inventaba e innovaba en el mercado, de tal forma que obligaba a los competidores a imitar su descubrimiento. Mientras esto ocurría o no, los beneficios para la empresa eran enormes. El fin del empresario, por tanto, no era otro que inventar e innovar para así conseguir unos beneficios extra que terminarían desapareciendo cuando los competidores le imitasen.

Siglo XX: empresario tecnócrata

La separación entre la propiedad y el control de la empresa que ya hemos visto trae consigo que el tamaño de muchas organizaciones y la complejidad de las decisiones que en ellas hay que tomar sea tal que muchas empresas no puedan ser dirigidas por una sola persona, sino por un órgano colegiado que se puede denominar tecnoestructura, formado por un conjunto de expertos en las distintas áreas de actividad de la empresa. Este término fue acuñado por el economista Galbraith.

Podemos decir que esta dirección compartida por técnicos se cumple en las grandes empresas, donde los accionistas son únicamente inversores que tienen como única función obtener un rendimiento por su capital invertido. Sin embargo, en las empresas individuales o familiares, pequeñas y medianas empresas, queda el primitivo poder del capitalista o propietario.

El empresario en la actualidad

Actualmente el empresario ha de ser innovador, además de un buen líder y saber ser un buen estratega para escoger los caminos adecuados para conseguir los objetivos. La nueva figura del empresario cumple las siguientes características:

  • El empresario ya no es necesariamente el propietario de la empresa, aunque en las empresas de pequeño tamaño siga siendo así. Esto se debe a la separación entre la propiedad y el control de la misma.
  • El empresario no tiene por qué ser una única persona. En muchos casos, sobre todo en las empresas de mayor tamaño, el empresario se convierte en un órgano colegiado, como sucede con el consejo de administración de las sociedades anónimas.
  • La actividad del empresario no tiene por qué ser de tipo técnico. Más bien se dedica a fijar objetivos, establecer planes, organizar la empresa, etc. Esta función se denomina administración, o management.

En definitiva, tenemos que diferenciar entre el empresario profesional, que es el que gestiona y dirige la empresa aún no habiendo aportado patrimonio a la misma; y el empresario patrimonial, que ha aportado capital a la empresa y que tiene como principal objetivo hacer rentable su inversión.

En El Blog Salmón | La evolución histórica del concepto de empresa
Imagen | victor1558

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

12 comentarios