Seamos realistas, no nos gusta trabajar y cuando nos incorporamos a esta obligación, derecho y deber constitucional que nos porporciona nuestro sustento diario nos deprimimos. Los estudios más sesudos cifran en un 60% los afectados por depresiones postvacacionales, en mayor o menor medida.
Es duro comprobar nuestras miserias cotidianas, aguantar el teléfono todo el día, al jefe pidiendo tonterías a diestro y siniestro y encontrarse la mesa o la bandeja de entrada del mail con ganas de cerrarlo. Pero ¿cómo podemos aliviar estos síntomas?
La solución más rocambolesca que me han dado hoy ha sido “no te vayas de vacaciones y así estas cosas no te pasan” y si es muy cierto, pero no estoy por la labor. Fuera de salidas de tono de ese estilo, podemos seguir una serie de pasos que nos pueden aliviar estos síntomas durante los primeros días después de vacaciones.




Según el barómetro familiar realizado por el instituto GAD para Padres y Colegios la presente crisis está impactando directamente en el bienestar familiar. Los datos no pueden ser más esclarecedores de la situación en que estamos.
Siempre me ha hecho gracia esa expresión de las vacaciones de la triple P. Se trata de un plan Low-Cost para las vacaciones familiares que se suele utilizar en época de crisis, pipas, paseo y p’a casa. 