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Festival de licuaciones

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Es habitual el establecer paralelismos entre España y Argentina, entre un país que no acaba de considerarse europeo (algo increíble por su Historia) y otro que en muchas ocasiones ha creído serlo (también increíble por su Historia y ubicación geográfica). Para todos aquellos que vean este tipo de correlaciones , Festival de licuaciones, y su esclarecedor subtitulo Causas y Consecuencias de la Pobreza en la Argentina, les reforzará en sus posiciones.

Su autor es Carlos Escudé, un politólogo argentino de bastante renombre, y yo diría que pelín heterodoxo, que en los 90 llego a ser asesor del Mº de Asuntos Exteriores en los primeros años de los Gobiernos de Menem, dentro del ámbito de su especialidad y de la corriente que representa, el realismo periférico. Dicha vinculación de dos años con el menemismo no le impide ser crítico, muy critico con Menem. Y es que de hecho Carlos Escudé es muy crítico con todos.

Escudé defiende la existencia en Argentina de un Estado parasitario y parasitado en al menos últimos 30 años, indicando expresamente el Rodrigazo, con Isabel Perón al frente como el punto de inflexión, si bien ya muestra como antecedente el asalto y vaciamiento de las pensiones privadas por el peronismo en el 1954 (lamentablemente la obra se escribe dos años antes de quel kirchnerismo repitiese la jugada).

Donde Escudé se separa de las interpretaciones habituales sobre el estado cleptocrático gaucho es en el primer y principal responsable de la situación. Y lo identifica con un populismo de derechas, con una clase burguesa (que en España identificaríamos con una alta burguesía más bien) que se apropia del Estado en su provecho y que desata, una y otra vez, oleadas de violación de los DPM, Derechos de Propiedad de la Mayoría por esa burguesía estatista.

Para ello empiezan con un carrusel de licitaciones de deuda, distintos tipos de mecanismos por los que la deuda privada se publica o se traslada al resto de la ciudadanía: quitas, procesos inflacionarios, cash and carries subvencionados con seguros de cambio a costa del erario público, rescates públicos, etc... (alguno ya estará viendo la conexión hispana).

Agudamente, señala que estos procesos, vividos bajo gobiernos peronistas de uno u otro signo, radicales, militares, etc, precisaban en muchos casos de una situación de inestabilidad que favorecía este tipo de medidas y la generación de este tipo de negocios, protagonizados por lo que el denomina la patria financiera, ese colectivo de la alta burguesía que en esos procesos extraía grandes sumas en beneficio propio, amén de periódicos procesos de acceso al crédito exterior (hay alguna que otra referencia a infraestructuras y aeropuertos que parece estar hablando de obras hispanaestanies)

En paralelo, nos presenta también a la patria contratista, compuesta en buena medida por sujetos y familias pertenecientes al anterior grupo, y beneficiaria de los contratos públicos de la Administración o de las grandes empresas públicas, de las medidas proteccionistas (aquí quiero ver a los defensores de la teoría de la escalera), todo ello con un riesgo cero para estos contratistas y concesionarios amparados por la teoría jurídica de la intangibilidad de la retribución del co-contratante particular (por cierto, que prima facie, me recuerda mucho a la institución del equilibrio económico financiero en las concesiones de obras públicas españolas).

¿Y las privatizaciones? Las privatizaciones no dejarían de ser el reverso de la moneda de dichos procesos. Es una pena que apenas incida en ello, salvo una breve comparación con el Reino Unido, para dejar claro que una cosa es privatización y otra bien distinta liberalización. En las privatizaciones lo que se consiguió, como bien señala Escudé, es conciliar los intereses de dos grupos antagónicos, la patria contratista y los acreedores externos, todo ello con ventas subsidiadas por el Estado (es decir, con el dinero del contribuyente) y con claros casos de nepotismo. En todas las privatizaciones intervenía, de un modo u otro, un socio local al cual le caía la pedrea (¿alguien se acuerda de los Eskenazis en YPF?).

Evidentemente, en paralelo con estos procesos y legitimado por los mismos y amparados por los mass media se reactiva un populismo peronista o de otras corrientes de ultraizquierda, con ocupaciones de tierras, caminos o fábricas, donde quizás los más representativos son los conocidos piqueteros, que Escudé nos representa mucho más allá de lo que nos llega aquí, y que terminan de dar el golpe de gracia a un Estado desestructurado, como una creación de El Bulli, un Estado en el que se ve claramente de lo que esta hecho, sin los ropajes que habitualmente lo ocultan y justifican.

Escudé no justifica este populismo izquierdista, estas usurpaciones y ocupaciones, pero si que deja claro que difícilmente esto se hubiese producido sin el mecanismo previo de violación de los DPM por la patria financiera y contratista, que han sido ellos los que han deslegitimado el derecho de propiedad y al propio Estado (que ve como le surge una surte de administración paralela por la vía de facto de organizaciones asamblearias que se dedican a administra dinero público). Y diría que más bien ambos polos se necesitan, de ahí la amplia cobertura mediática de la que gozadon, tal y como esta pasando en España, en una suerte de reparto de prebendas de todo tipo, de nuevo reequilibrio de fuerzas, las tajadas de uno a cambio de las migajas de otros, todo ello pagado por aquellos sin acceso al poder o a la coacción.

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